MIEDO AL PELIGRO

MANUEL ALCÁNTARA

Es terrible hacer balance sabiendo de antemano que las cuentas no salen, pero también es inevitable si nos empeñamos en seguir siendo contemporáneos. Se hacen más contratos que nunca, pero la parte contratante tiene muy poco que ver con la contratada porque el documento tiene una duración de días. A eso le llaman «precariedad laboral», que es una forma de decir de lo firmado no me acuerdo. A los contratos temporales se los lleva la borrasca económica mientras se confirma que el PIB subirá este año que empieza más del tres por ciento. Los sociólogos dicen que son las mujeres, al revés que en los naufragios, las que tendrán dificultades mayores para encontrar un sitio en barquilla del salvamento, que está entre las olas sola y sin velas desveladas. Subir el salario mínimo, que es algo que en la mano no se ve, no es una empresa fácil, pero el presidente del Gobierno no engaña a nadie, excepto a los que se llaman a engaño, que son los mismos que escuchan. Circulan bulos y noticias falsas y el resumen es que España está desprotegida mientras el propósito del año que comienza es salvar el planeta.

En el viejo y vigente diccionario Covarrubias se define la palabra juglar como alguien que lleva la vida jugada y anda a mucho peligro. Parece evidente, aunque sea difícil verlo con claridad, que el regreso de la economía española al sitio donde nunca ha estado anteriormente bordea lo absurdo. Subió en unas monedas el salario mínimo, si tocar el salario máximo es lo que llamamos «un imposible metafísico», por no llamarlo una cabronada, pero el año nuevo ha empezado como si no fuera con él. La ventaja de los que nos desanimamos es no tener que agacharse para recoger el ánimo, ni preguntarle si se ha hecho daño con el batacazo y en lugar de pedirle cuentas al pasado mirar al futuro, que no nos quite ojo.

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