EL MESTALLA DE WANDA

Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

Entre la maqueta del nuevo (viejo) Mestalla y el día de ayer, en España se han inaugurado San Mamés, Cornellà y el Wanda Metropolitano. Además, otros estadios han acometido remodelaciones que han ido más allá de la chapa y pintura. Y otros equipos, como el Barcelona y el Real Madrid, han presentado grandes reformas de sus recintos. Los delirios de grandeza del Valencia postdoblete han sido la lepra de un club que ha terminado en manos de un empresario de Singapur. El nuevo Mestalla es hoy una vergüenza. Hace unos meses, el expresidente del Valencia Amadeo Salvo y un servidor nos vimos las caras una tarde de invierno para tomar un café. Ambos sabemos lo que pensamos el uno del otro. Las cosas, cuando se dicen con respeto y de frente, siempre son más claras. Para que después no pase como cuando comes en un restaurante cercano a Mestalla y una conversación privada termine publicada en una cuartilla como máxima expresión de la teoría del teléfono roto. Pero esa es otra guerra. En la conversación con Salvo hablamos de Wanda, del imperio del chino Wang Jianlin, el hombre más rico que se presentó al intoxicado proceso de venta del Valencia. Lo de intoxicado lo digo yo, no es que en esto Salvo y un servidor llegáramos a un acuerdo. De la conversación con el empresario valenciano, concluí que la mejor opción para el club era la propuesta de Wanda, la de un tipo -el decimoctavo más rico del mundo y el primero de China- capaz de bajarse de un coche y preguntar cuánto costaba comprar desde el hotel Las Arenas hasta la playa de la Patacona. Salvo engalanó Mestalla primero para Wanda y después para Peter Lim. El problema es que el chino, el de verdad, se decidió finalmente por el Atlético de Madrid. Gil Marín, zorro viejo, supo hacerse con el dinero de verdad mientras que el Valencia se perdía en disputas absurdas, procesos eternos y demás trifulcas necesarias para llevar al club a la situación actual. Aurelio Martínez, hoy presidente del Puerto, me confesó una tarde -seguro que a otros compañeros también se lo diría- que Wanda proyectaba un estadio espectacular para el Valencia. Un gran nuevo Mestalla, una máquina de hacer dinero. Wanda es el número uno mundial en el sector del ocio y quería que Mestalla fuera uno de sus emblemas en Europa. Al final no pudo ser. El inversor chino quería comprar pero no a cualquier precio. El tema de la famosa quita. Y al final se largó, sin comparecer ante la comisión gestora y para salir de un proceso en la que se dio entrada a estafadores reconocidos. Ayer el Atlético de Madrid inauguró su nuevo estadio, el Metropolitano, con el patrocinio principal de Wanda. Un recinto moderno, funcional, espectacular. Un estadio envidia de Europa y que quizá hubo un día que pudo ser el del Valencia.

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