El mérito de enfadar a todos

PABLO SALAZAR

Que una coalición entre tres partidos -uno clásico de izquierdas (el PSPV), otro de corte populista (Podemos) y un tercero mezcla de nacionalistas, ecologistas y excomunistas reconvertidos (Compromís)- provoque el malestar en colectivos como los católicos, los españolistas o los defensores de la iniciativa privada, puede ser hasta comprensible, al fin y al cabo su ideología tiene que acabar chocando con estas sensibilidades aunque sigue siendo intelectualmente inaceptable que la izquierda española sea nacionalista. Pero lo curioso del tripartito es que no sólo se está enfrentando a estos colectivos sino que también se ha puesto en contra de otros a los que se había intentado ganar durante su etapa en la oposición, como los falleros o los seguidores del Valencia CF, así como a una profesión que en teoría debería estar de su lado aunque sólo fuera por su reivindicación -más romántica que práctica- de la huerta: los agricultores. La cruzada del alcalde Ribó y sus concejales más afines contra la quema de la paja del arroz en la Albufera ha conseguido incomodar a los profesionales del ramo, a los que doblan el espinazo o se suben a un tractor en los campos, dejando en evidencia el abismo existente entre la defensa intelectual de un modo de vida que carece de relevo generacional y el duro e ingrato ejercicio de esa actividad. Pero aún más estridente ha sido el enfrentamiento con el club de Mestalla, que le ha sacado los colores a la vicepresidenta del Consell, Mónica Oltra. El comunicado de réplica a las absurdas, inoportunas y ventajistas críticas hacia la entidad porque el equipo femenino no va a jugar en el estadio de la avenida de Suecia puso al descubierto la habitual contradicción en que incurren muchos políticos, tan interesados de repente por un fenómeno que prácticamente desconocen, como es en este caso el del fútbol de mujeres. Si los nacionalistas de Compromís intentaron durante su travesía por la oposición acercarse al mundo fallero e involucrarse activamente en el Valencia CF, ahora le han dado la vuelta a la tortilla para ponerse en contra a muchos miembros de las comisiones y a buena parte de los seguidores blanquinegros. Si a eso le suman el cabreo de los conductores que sufren los cada vez más habituales atascos de Valencia, el de los usuarios de la EMT, que padecen el mismo problema, el malestar de los comerciantes, a los que se enreda con el asunto de los horarios comerciales mientras se les suben impuestos y no se persigue a los top manta, y el rechazo de la inmensa mayoría de los valencianos a sus devaneos nacionalistas, que incluyen mucha más comprensión hacia los independentistas catalanes que hacia la aplicación del artículo 155, verán como la nómina de los indignados (no los del 15M, claro) crece, y crece...

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