MENUDO PELMA

JOSÉ MARTÍ

En el mundo hay gente pesada. Incluso muy pesada. Tipos de esos que cogen una matraca y no la sueltan. Todos conocemos alguien encantador en un primer momento pero que, según vamos conociéndole, no hay manera de cerrarle la boca o esquivar sus obsesiones. Mi padre era experto en detectar un cargante a distancia. «Eixe es un pelma» sentenciaba con solo verlo venir. Eso diría de Paco López, el nuevo entrenador de la primera plantilla del Levante. A falta de once jornadas para la conclusión se hizo cargo de un equipo agónico necesitado de una victoria urgente en su primer partido. Al segundo día de llegar, juntó a todos en el entrenamiento y empezó a ensayar faltas y córners, una y otra vez. Por un lado, por el otro. Desde un ángulo, desde el opuesto, de frente, del lateral.... Por tierra, mar y aire. Una y otra vez, hasta que lo asimilaran y saliera bien. El tercer y el cuarto día lo mismo. Cansino. Practicar jugadas a balón parado en Buñol aún tiene más dificultad por las fuertes rachas de viento. Aún así, insistió.

Estos días, con Félix soplando a todas horas, es más fácil entender a esas personas que consagran su vida a evitar las corrientes de aire. Obsesionados siempre con cerrar la puerta o la ventana no vaya a ser que entre corriente. Cuantos más mayores, más pesados. Esta clase de plomos suele acabar con nuestra paciencia y sacar lo peor que llevamos dentro. En el caso de Paco López fue al revés. De tanto insistir, cuando llegó el primer partido (quinto día con el equipo) era difícil no ejecutarlo. Por fin se veía peligro en cada falta, en cada córner. Sacó lo mejor de los jugadores. En uno, al larguero. En otro, gol. En el momento justo, en el instante preciso. Este segundo gol de Coke de córner (primero oficial) duró solo un minuto en su celebración, pero a ningún granota le tengo que explicar qué clase de minuto. Instintivamente comprobamos si algún émulo de Gayá estaba tirado en el suelo y nos lo volvían a anular. Esta vez no. Solo era el Getafe. La tozudez del nuevo entrenador tuvo su efecto. Cuando parecía que ya estábamos muertos y todo estaba en nuestra contra, ganamos.

La principal diferencia de este equipo respecto al de Muñiz no fue la alineación, similar a las anteriores, sino la estrategia a balón parado, fundamental en equipos tan igualados, y la voluntad de tener la pelota (el Levante ganó la posesión jugando fuera de casa). El de Silla incluso logró, no pregunten cómo, volver la fortuna del lado azulgrana. Luego pidió disculpas en el vestuario. «Hemos sido muy pesados esta semana con los jugadores», reconoció. El fútbol vive del aquí y el ahora. Poco del ayer y nunca del antes de ayer. Hay que aprovechar el momento y ganar la inmediata final del viernes. Paco lo sabe y va a continuar dándoles la brasa. O no.

Fotos

Vídeos