La mentira de las redes sociales

MIQUEL NADAL

Aunque no sea verdad o pase por mentira piadosa, lo que resulta insustituible es que en la parada de la EMT una persona de carne y hueso te diga que alguna vez te leyó. Medie o no vergüenza, ese gesto igual te alegra el día. El lector o los lectores siempre son de uno en uno, y se acaba escribiendo para dos docenas de personas, o 37, o 74, contantes y sonantes, con rostro y percepción. Lo otro es lo de las redes sociales. Como acredita el símbolo, un apellido y unos números debajo de Marcador Dardo, uno tiene un perfil en Twitter en donde cuelga las columnas. Tuitear, dar me gusta, interaccionar forman parte de la nueva gramática de los tiempos. Tengo unos cuantos seguidores. Invariablemente la aplicación me sugiere cuando tuiteo mis columnas si quiero promocionarlas, lo cual indica que debe existir un grupo de perfiles, robots, que se dedican a amplificar el público receptor del mensaje de las columnas. No de otra manera se entiende que en ocasiones a uno de repente, le siga un candidato a las primarias del PSPV o una empresa de reparación de ordenadores, Informático Coslada. El robot, bastante tonto, debe haber unido Parejo, Coslada. Debe ser un procedimiento por el que uno se promociona enviando sus cosas de manera aleatoria a ciertos perfiles, en la esperanza de que alguien picará. La lejanía de dicho mecanismo con el habitual de que haya alguien real que lea y juzgue lo que escribes es absoluta. El otro día le recomendé al amigo Martínez Jambrina un libro de François-Henri Désérable, y la página web no oficial del escritor dijo que le gustaba el comentario. Entra dentro de lo plausible. Pero la semana pasada un perfil de twitter con nombre que anuncia su notoria falsedad me indicó que le había gustado una de mis columnas. Cuando entré en el perfil comprobé que era una persona de sexo femenino, con un único tuit, una foto de gran austeridad textil digamos que par derrière, bastante insólita, y cuyo único tuit sugería una ansiedad por el intercambio inmediato de fluidos muy urgente y poco usual. La capacidad de mis columnas o de la foto de mi perfil para provocar un entusiasmo como el que se desprendía de la fotografía es modestísima, yo diría que inapreciable y ridícula. El sentido común indica que ni la más excelsa literatura es capaz de la provocación de dichos efectos. Además, el que es feo adquiere de fábrica una prudencia infinita para detectar la mentira. Cuando se produce ese tipo de comprobación de la mentira de las redes sociales, y si los seguidores acaban siendo el Informático Coslada y la Tuitera promocionando su 'bare pussy', excuso pensar en la verdad de todos los seguidores, y de cómo asignamos preferencias sociales, comerciales y políticas a algo basado en ese tipo de mentiras. Prefiero la EMT. Como máximo te llevas el reconocimiento sincero de alguien que no ha entendido nada.

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