Memorias del pasado presidencial

FERRAN BELDA

No es tan demoledor como el retrato que Michael Wolff traza de la Casa Blanca ni un libro de autoayuda como el Kempis con sabor a anchoa que acaba de publicar Miguel Á. Revilla. Pero para quienes disfrutamos como cosacos leyendo los contados volúmenes políticos que se editan en Valencia, 'Memòries d'un roder', el 'Confieso que he vivido' de Ernest Nabàs, tiene una parte institucional bastante jugosa. Quieras que no el autor asistió al parto de la autonomía valenciana. Y entre que estuvo si no en primera, sí en segunda o en tercera fila en los años en que se creó la Generalidad y que antes que político fue periodista y mucho antes fraile, y como tal pecaría si mintiera, ha escrito una autobiografía menos impostada de lo habitual. Y conste que lo digo yo, que soy de los pocos a los que nos ajusta las cuentas. Con todo merecimiento, por un lado. Lo admito. Es probable que lo tachara demasiadas veces de fontanero. Excuso advertir que porque en aquel entonces carecíamos de la variada nomenclatura que han puesto de moda series como 'El ala oeste', 'House of cards', 'Borgen', etc. y, por no haber, no había ni politólogos. E injustamente, por otro, porque yo no despotricaba de su jefe porque fuera blasquista, saco en el que me mete en compañía de Pérez Benlloch y Miquel Alberola, sino porque era/soy periodista. Y entiendo que la primera obligación de todo periodista es ser crítico con el poder. Lo desempeñe Lerma, Zaplana, etc. En cualquier caso, no se lo reprocho. Mal periodista sería, me refiero ahora a Nabàs, si no considerara que perro no come carne de perro es una máxima corporativista. Y Nabàs demuestra con creces que no lo es. Sin ir más lejos menciona algo que se prestaría para escribir otro libro: la olvidada participación que Geinco, una sociedad instrumental del PSPV, tenía en PECSA. El porqué no lo explica, pero se sobreentiende. Nabàs le tiene ganas a Ximo Puig. No le importó un ardite que se diera de baja del partido y todo lo que para Lerma son elogios, para Puig son reproches. «¿Es de fiar?», le preguntó Lerma cuando fueron a verle a Morella para que encabezara la candidatura local. «Lo veo muy nacionalista», agregó. «Tranquilo -le contesté-. Uno de Morella que es acérrimo del Madrid no puede ser muy nacionalista». En otro pasaje cuenta que no sabe nadar. Y en el más cruel de todos destaca que tardó 33 años en devolverle el favor que le hizo Javier Andrés partiéndose el sueldo con él cuando el ahora presidente se quedó en el paro. Con una pequeña diferencia: lo hizo con cargo al erario. Me ha hecho especial gracia la anécdota que cuenta de que coincidió con Felipe González en el urinario porque a mí me pasó lo mismo en Suecia con el rey Carlos XVI Gustavo. Pero yo no cedí a «la tentación de mirar» como Nabàs.

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