Memoria

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El proyecto Bombas Gens empieza por decir que la ciudad debe conservar memoria de las instalaciones industriales

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

La red está llena de errores y uno es el que atribuye la autoría del Puente de las Artes a Norman Foster, cuando la verdad es que fue diseñado, a finales de los noventa, por Leonardo Fernández Troyano, un ingeniero muy importante, hijo de un maestro de la ingeniería española como fue Carlos Fernández Casado. Lo que resulta más difícil de localizar es quién pensó el nombre que le distingue; así, mientras no haya pruebas mejores, habrá que atribuírselo a la alcaldesa Rita Barberá, hacia 1998, a causa de su proximidad con el IVAM y el centro cultural la Beneficencia.

Sin embargo, a final del siglo XX, en la orilla derecha del Turia estaba funcionando nuestro museo de arte contemporáneo pero en la izquierda lo que funcionaba era Tendetes y Marxalenes, los ejes de Padre Ferris y la avenida de Burjasot, que no tenían nada especial en lo artístico y albergaban ya algunos puntos de abandono preocupante. Uno de ellos era La Ceramo y el otro, la antigua industria Bombas Gens, convertida ahora en un atractivo centro de acción social y arte contemporáneo.

Visitadas las instalaciones -a las que le falta abrir el jardín, el refugio y la bodega, además de rematar la sede social- se hace urgente afirmar que, una vez más, la iniciativa del mecenazgo privado acaba de regalar a Valencia, como viene ocurriendo en los últimos cinco años, un nuevo y espectacular punto de referencia cultural. Y que lo ha hecho con un grado de calidad y de exigencia muy alto, en el campo donde sin duda es más complicado triunfar y conquistar público, como es el arte contemporáneo.

Bombas Gens, en efecto, empezando por los aspectos decorativos, no hace concesiones a la galería: expone parte de lo que tiene en sus colecciones y no hace uso de recurso o 'truco' alguno para conquistar el corazón de los visitantes, algunos de los cuales, poco habituados al arte contemporáneo, probablemente no van a conectar la primera vez. Con todo, queda para ellos -y para todos los públicos- el hecho que, por el momento, se me figura primordial, que es la 'reconquista' y rehabilitación, con fines cultos, de un espacio industrial inservible.

La instalación que los promotores han llamado Número 0 -la historia de la vieja empresa, su esplendor y decadencia, y su recuperación actual- es en sí misma un delicado y atractivo museo, una pequeña joya que no puede defraudar a ningún visitante. Y que difunde la idea culta de que el 'consumo' de patrimonio, el borrado de la memoria de la ciudad de instalaciones que antes sirvieron, puede y debe tener sus límites.

Da para más, y seguramente continuaremos, la agradable llegada del proyecto Bombas Gens. De momento cerremos este capítulo anotando que la existencia de un puente llamado de las Artes cobra ahora sentido verdadero. Porque al otro lado del puente, en la frontera de unos barrios sin especial relevancia, acaba de brotarle a la ciudad un gran valor nuevo.

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