Melocotones que saben a rayos

Bruselas pone más dinero para retirar fruta de hueso que sobra, pero ¿alquien se plantea cuánta deja de comerse porque realmente no está buena?

VICENTE LLADRÓ

A quienes somos fervientes consumidores enamorados de la buena fruta ni se nos ocurre plantearnos si es cara; por el contrario, hasta nos parece barata las más de las veces, siempre que sea buena de verdad, claro. ¿Alguien es capaz de decir, por ejemplo, que un kilo de buenos melocotones, peras, manzanas... es caro porque llegue a valer dos o tres euros?, ¿son caras cuatro o cinco piezas a ese precio, a 40, 50 o 60 céntimos la unidad? Ni a euro. ¿Qué les cuesta un café en un bar, o un refresco, o un simple bocadillo? ¿Alguna vez han dicho que vean caro un café por cobrarles un euro, o uno y pico?

Lo que sale caro es lo que no está bueno. Un café aguado no tiene justificación, la materia prima sólo supone unos céntimos, el coste verdadero es el del servicio, por eso no tiene excusa un café malo, cuando se debe a la cal de la cafetera, la presión, la temperatura del agua o la molienda del grano.

Tampoco tiene lugar un melocotón que parece de esponja insípida. Sobre todo si es uno tras otro, una vez y otra, una semana y las siguientes. Te puedes hartar y dejar de probar, pero no te resignas y lo intentas de nuevo, porque quieres comerte algún día de estos un melocotón que te sacie; eres un enamorado de los buenos melocotones y ansías encontrarte definitivamente con alguno que esté en plenitud, al menos que se acerque a ello, que le notes que llevaba vocación... Si no se hubiera truncado al recolectarlo tan verde. Y lo mismo con las manzanas, las peras, los ciruelos, las cerezas, las naranjas, los melones, las sandías...

El Ministerio de Agricultura ha conseguido que la Comisión Europea haya aprobado una nueva operación de retirada de fruta de hueso española «para mitigar la situación de excedentes en el mercado e intentar reflotar los precios en el campo», según la comunicación oficial, que concuerda con lo que pedían los agricultores: retirar excedentes para que se recuperen los precios. Con esta medida se desviarán 19.550 toneladas toneladas que irán a las industrias transformadoras o se regalarán y en total se habrán retirado más de 40.000 toneladas, lo que plantea, según se indica desde el ministerio y los sectores productores, la conveniencia de reflexionar sobre posibles iniciativas de reconversión, pocos años después de realizarse la anterior.

Todas las opiniones apuntan a repetir las mismas cuestiones: ¿Esta situación de excedentes es coyuntural o estructural; hay problemas de comercialización que se deben reorientar; si se arranca o reconvierte a qué alternativas de producción cabe ir?

Sin embargo nadie parece plantearse algo que debiera ser esencial: el sabor. ¿Qué proporción de los teóricos excedentes se debe a la caída del consumo por no encontrar satisfacción en una fruta insípida o que a veces hasta sabe a rayos? ¿Por qué el subterfugio actual de la calidad se apoya en el tamaño y la precocidad y no en el sabor a toda costa? A lo mejor no sobraban.

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