MEJOR LA 'NIT' QUE SAN JOSÉ

MIKEL PAGOLA ERVITI

Disparar la Nit del Foc supone, automáticamente, entrar en el Olimpo pirotécnico fallero. Por ello, desde anteanoche Martí ya figura en la historia de la fiesta coincidiendo con el 150 aniversario de esta empresa familiar en manos, ahora, de Reyes Martí Miró. No hay más alta distinción que protagonizar el único castillo que tiene nombre propio en los días grandes de Valencia. Aunque, reconozcámoslo, la Nit del Foc ya no es lo que era. Nació como mero -y exitosísimo- recurso mercadotécnico, y tras cierta época de euforia pírica en la que se ganó su fama a pulso, ahora mismo es, de nuevo, puro marketing de las Fallas. Porque no es, ni mucho menos, el mayor castillo de España. Pero Carlos Granados Martí, diseñador y responsable del disparo, tuvo muchísimo mérito al fabricarse todo ese material tan sumamente interesante en su pequeño taller. Fue una bocanada de aire fresco por cosas como, por ejemplo, los volcanes de varios cambios de color sucesivo (buenísimos), los sauces brillantes (a parte de los kamuros), tanto relleno de troncos al subir piezas, los movimientos digitalizados apantallando los pies de fachadas de hasta cinco alturas de fuego, las cabelleras de oro, las redondísimas 'fantasmas' y la llamativa calidad de los colores. Más allá de tener algún fallo técnico (que realmente le puede pasar a cualquiera), ver estos fabricados es significativamente positivo para el sector: creo que nos conviene a todos. En la mascletá de ayer, los juegos digitales de inicio, tras la traca valenciana, y el final, fueron muy buenos. Destacaron las novedosas serpentinas de humo amarillo y los recorridos de volcanes con diferentes efectos sonoros por encima, siguiéndose equidistantes en el perímetro. Sus ejecuciones tan limpias y fáciles de identificar estuvieron realmente bien. Pero se adelantó entrando a tierra antes del marcaje final del aéreo y, en las cuerdas, resultó algo plana y muy seca. Y, sobre todo, sufrió varios evidentes efectos 'de moto' (que son coincidencias sonoras indebidas) y unos raros parones inconcebibles para un día de San José. El final aéreo al menos, eso sí, muy técnico, fue totalmente hermético.

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