MECHAS

ARANTZA FURUNDARENA

Seguro que lo último que una estrella mundial del pop espera de Hacienda es que inspeccione las veces que acude a la peluquería. Pero he aquí al sabueso de Montoro contando las mechas que se hizo Shakira en Barcelona durante los años 2011 y 2014 con el propósito de calcular si esa frecuencia con la que se sometía al secador de mano en la Ciudad Condal demuestra que residía en España o, como ella pretende, en las Bahamas. No sé, si me dijeran de cualquier otra, vale. Pero Shakira... A poco que se fije Montoro comprobará que el cabello de la colombiana suele pasar por periodos de aparente desidia, que más de una vez su rubia melena está pidiendo un tinte a gritos... Que eso son raíces y no las de Kunta Kinte. Yo sabía que la edad de los árboles se calculaba contando los anillos del tronco, pero ignoraba que midiendo los centímetros de la raíz sin colorar del pelo de una cantante famosa la Agencia Tributaria fuera capaz de calcular los años que lleva defraudando a Hacienda.

Y dudo que esa medición sea precisa porque hoy día existen falsas raíces oscuras. Es una tendencia que, en cuanto empezó a peinar canas, puso de moda Madonna bajo el lema: Antes 'desteñía' que canosa... Hoy día se miente más en el color del pelo que en la declaración de la renta (que ya es decir). A Shakira de momento el único fraude que se le puede achacar es el de hacerse pasar por rubia nórdica siendo ella una morenaza latina. Pero, en esto, la que esté libre de pecado que tire la primera piedra... A medida que vamos cumpliendo años ganamos en confusión. Y el único que tiende a aclararse con la edad es el tinte. El de nosotras suele tirar a rubio ceniza. El de ellos, a un tono indefinido que Ana Rosa Quintana describió una vez con gran acierto como «color mesilla de noche».

Y luego te pasa lo que a María Teresa Campos, que señalándose su característica rubia media melena confesó en un plató: «Yo es que me sigo considerando morena, todavía no me explico cómo he llegado hasta aquí». Shakira tampoco tenga quizá modo de explicar cómo viviendo en Bahamas le daba para llegar hasta la peluquería de Pedralbes o Sarriá... Pero su potente gabinete de abogados está dispuesto a aclararlo todo. Y juran que de esta se salva. Aunque sea por los pelos.

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