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ROSA BELMONTE

De las 500.000 entrevistas que he leído de Leticia Dolera, número uno en no ficción con 'Morder la manzana', lo más interesante es esto: «Hace tres años que no me depilo los sobacos». Pero el heteropatriarcado ha podido con las piernas, que sí se depila. Ahora todos hablan de Amaia de OT, que va pintando pelos en las axilas de su foto al firmar autógrafos en una revista editada por TVE. Lo de Amaia se saluda como un gesto feminista. En enero tuvo una conversación con Aitana dos horas antes de una gala. Decía que no se iba a depilar las piernas. Y Aitana: «Yo no me he depilado las axilas». Un titular del satírico 'El Mundo Today': «Liberan a dos feministas enredadas por los sobacos». En general, este asunto sólo puede ser humorístico. Los problemas en el feminismo han cambiado y el feminismo también, pero no podemos estar en 2018 con los pelos de donde sea como símbolo de nada. Ni con la matraca de Cataluña ni con el matrarcado peludo.

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