MATEU ALEMANY

Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

Me he tomado el tiempo necesario para reflexionar sobre la última rueda de prensa de Mateu Alemany para que la precipitación no sea parte fundamental del análisis. Es evidente que Alemany es un tipo que ha caído de pie en el Valencia, hábil para bordear los charcos y convincente con sus declaraciones a los ojos de la afición, encantada con la velocidad de crucero que lleva al equipo a la Liga de Campeones. El éxito deportivo es el cordón de seguridad del director general. A la figura de Alemany se le otorga el don de la arquitectura de un Valencia bien sostenido por Marcelino en el banquillo y Eugenio Botas detrás del telón. Negar la realidad es estúpido, de la misma manera que asegurar que la llegada de Pablo Longoria no es el último movimiento para cerrar el círculo. La bula de la que goza Alemany le permite afirmar que la gestión de las entradas de la Copa del Rey ante el Barcelona no fue una chapuza. Uno de los grandes errores de la actual temporada no le ha pasado factura. Es más, el error ha pesado en Meriton y no en un Alemany que con una pizca de soberbia quizá descubrió que su opinión pesaba en aquella torpe decisión. Incluso ha logrado que pase desapercibida su cita con Quique Pina con Murillo de por medio cuando después se ha sabido que el empresario del fútbol afronta un futuro de dudas con el banquillo judicial como probable destino. Los favores con favores se pagan y el hecho de que Eugeni esté en el Cádiz, el equipo de Pina, no es fruto de la casualidad. ¿A qué ha venido Alemany al Valencia? ¿Cuánto tiempo se quedará? ¿Cuál es su verdadero destino? Las teorías son varias pero la mayoría coincide en señalar que Mestalla es una estación de paso.

El expresidente del Mallorca es listo e inteligente, algo que no significa lo mismo. Por eso su imagen siempre va asociada al éxito, con la habilidad de moldear siempre el mensaje favorable. La última junta de accionistas fue el espejo en el que se reflejó la torpeza de Murthy y la habilidad del director general para encarar el mensaje. Ganó el segundo, más y mejor valorado por la afición. Alemany es la profesionalización del fútbol, la del asalariado para enderezar las torpes decisiones de los caprichosos magnates del fútbol. La duda está en el kilometraje de su futuro en el Valencia. Siempre despeja aquellos temas impopulares como el nuevo estadio y Porxinos. Respuestas para salir del paso. Y quizá, cuando las contingencias sean asunto prioritario, Alemany decida que su labor ya ha sido completa. Si el fútbol es incierto, todavía lo es más con una losa de deudas colgadas de la espalda. Unas respuestas que sólo están en las manecillas del tiempo.

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