EL MASTER DEL PSPV

J. C. Ferriol
J. C. FERRIOLValencia

Leo en un diario digital que Soraya Sáenz de Santamaría acaba de proclamar que en España «hace falta gente con valores». Y el comentario lo puede firmar cualquiera. No diré que adivino mala intención en las palabras de la vicepresidenta del Gobierno -sobre la que recaen, por cierto, las competencias de la gestión del Centro Nacional de Inteligencia (CNI)- pero hacer esa propuesta en plena tormenta política sobre la cabeza de Cristina Cifuentes podría llevar a alguna otra lectura. Hace pocas fechas la subdirectora de este diario, Majo Grimaldo, me recordaba las palabras de apoyo que la presidenta de la Comunidad de Madrid había recibido por parte de la secretaria general del PP, Dolores de Cospedal. Que la también ministra de Defensa tuviera un cierto gesto de respaldo a Cifuentes, y que en cambio la número dos del Gobierno guarde silencio sobre la situación de la presidenta madrileña y apele a los «valores», resulta significativo. Especialmente para quienes, quizá por deformación profesional, terminamos interpretando casi cualquier acción o declaración en términos de mayor o menor acoso al adversario. El PP se reúne este fin de semana en Sevilla con la intención, se dice, de conjurarse de cara a las próximas citas electorales. En los debates de esa convencíón, además del papelón (por su Máster) de Cifuentes -cuya caída en desgracia le ha venido de maravilla a Isabel Bonig para ocupar ayer una posición de mucha más visibilidad-, el de si Mariano Rajoy debe o no volver a presentarse como candidato en las próximas elecciones generales. O más bien cómo debe de anunciarse el relevo del presidente de los populares y, por supuesto, quien debe de ser el elegido. A estas alturas ya sabemos que desde luego no será Cristina Cifuentes y que la fuerza del PP de Madrid para condicionar esa elección ha caído varios puntos. Pero el juego sigue abierto. Del affaire del máster de la presidenta madrileña pueden extraerse varias conclusiones. Desde luego que la Universidad Rey Juan Carlos ha visto enterrada su credibilidad para una buena temporada. Y que algún alto cargo del Gobierno valenciano se habrá apresurado ya a subrayar que el Máster que figura en su currículum, a pesar de no tener finalizados los estudios universitarios, es de los que no requerían esa titulación. Menos mal. Con la que está cayendo con el asunto de los supuestos pagos en B -magnífica la maniobra de ese dirigente socialista que, pese a ocupar cargo en la ejecutiva de Ignasi Pla, señaló que no tenia nada que ver con la etapa investigada-, como para que encima encontráramos a un mentirosillo. Igual este asunto de la financiación irregular es el que termina de provocar que el inicio de las emisiones de À Punt se retrase unos cuantos meses más.

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