'MARZIANADAS'

ANTONIO VERGARA

Vicente Marzá, Conseller d'Educació, Investigació, Cultura i Esport de la Generalitat Valenciana (¿cuándo tendrá unos pocos minutos para ir al retrete?) es nuevamente actualidad. El TSJCV o Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana ha dictado sentencia contra su torticero 'decreto de plurilingüismo', en realidad, una 'trampa saducea', como dijo don Torcuato Fernández-Miranda en 1972.

Marzà va camino de emular las repetidas desobediencias de sus camaradas de la Generalitat catalana, con el 'senyor' Puigdemont de líder, a todas las sentencias desaprobatorias de los tribunales ordinarios y del TC.

Vaya con cuidado, 'senyor', porque podría ser inhabilitado, si se pone más flamenco, o sujeto de investigación. Su estatura intelectual no le autoriza a comportarse, en la política y en el respeto a la Constitución, como si fuese Rafa Nadal jugando al tenis. La estatura que Dios nos ha adjudicado mediante nuestros padres se puede compensar escuchando durante horas -en su caso- 'L'Estaca', de Lluís Llach: 'L'avi Siset em parlava / de bon matí al portal / mentre el sol esperàvem / i els carros vèiem passar'.

Nunca he hablado con usted, pero lo conozco como si yo le hubiera dado a luz (hoy no sería descabellado gracias a los inventos del LGTB) porque he pasado en Castellón muchos días a lo largo de más de 15 años. Inclusive estuve en una planta baja, o sea, una 'colla', y estoy muy empapado del 'tarannà' de Castellón de la Llanura.

Usted, con su política nacional-catalanista rememora el carro del 'avi Siset' y 'Els Castellers' de Esplugues de Llobregat'. Añora el mundo rural, como todo nacionalista, el tiempo pretérito en que no había agua potable, ni calefacción, pescado fresco (sólo bacalao), medicamentos como los actuales, w.c. en las casas (el aliviadero estaba en el corral), aire acondicionado, carreteras asfaltadas, buenas comunicaciones... Y lo añora porque, además, nació en 1983 y no conoció la miseria y el hambre de los años 40 y 50, fundamentalmente. A usted le di a luz con el felipismo ya gobernando. Yo me mamé la dictadura; usted no.

Una anécdota muy significativa sobre el ruralismo mental que anidaba en 1993, cuando usted tenía diez añitos. En 1993 un servidor programaba en la Obra Cultural de Bancaixa. Había un acuerdo con varias casas de la cultura de toda la Comunitat -excelente decisión del lermismo socialista- por el cual los magníficos músicos de jazz o compañías teatrales (Suripanta Teatro, hoy unos reputados profesionales, El Brujo, etc.) que actuaban en el Centro Cultural de Valencia (sito en la plaza de Tetuán) viajaban después a esos otros espacios artísticos.

Pues bien, o sea, pues mal. En el teatro Principal de Castellón me sentí abochornado. Había conseguido, con la colaboración de un productor madrileño, que viniera a tocar, expresamente desde EEUU, uno de los mejores pianistas de la historia del jazz, Barry Harris, con su trío habitual, Chuck Israels (contrabajo) y Leroy Williams (batería).

La campaña de prensa en los periódicos de Castellón fue intensa. Duró días. Llegamos al Principal (?) y contamos los espectadores: ¡78! Fue tal la depresión que nos atacó a todos que Barry Harris, desconcertado, tocó durante más de una hora y media sin quitarse su elegante gabardina. Con las obras de teatro, la afluencia subió a 127.

'Què em diu, Marzá?' Le respondo: 'Vixca el carro del avi Siset y la ruralització dels Països Catalans!.

El nacionalismo catalanista es una ideología 'petita', de andar por casa, ruralista, folklórica y a la vez expansionista, en pos del 'espacio vital' nazi ('lebensraum'). Su política, como toda la de Compromís, busca la anexión, mediante el adoctrinamiento ideológico y lingüístico, de la Región Valenciana, 'de Salses hasta Guardamar', eslogan político salido de su caletre para crear los 'Països Catalans'.

Joan Fuster denominaba a los catalanes, 'catalans estrictes' porque en su ensoñación geográfica, política e histórica no se llamaban catalanes todos los habitantes del Antiguo Reino de Valencia, Baleares o la 'Franja de Ponent' (Aragón). El tripartito está en ello.

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