LA FED MARCARÁ EL RITMO

El debate entre un crecimiento económico al alza y una inflación normalizándose, o el riesgo a que un repunte de la inflación termine cambiando bruscamente el sesgo de la política monetaria global y frenando la actividad mundial, continuará en los próximos meses. Por ello, el repunte de la volatilidad vivido a comienzo de febrero en las bolsas, no será el último al que asistamos a lo largo de este año. Si algo parece claro en el actual contexto económico, es que no se repetirá en 2018 el plácido camino vivido por las bolsas durante el pasado año, con revalorizaciones y sin apenas 'sustos'.

Analizando la evolución de los mercados estadounidenses, en parte, los diferentes activos parecen decantarse por opciones dispares, pero que en el fondo quizá no lo sean tanto.

En el acumulado del año, la principal bolsa estadounidense (S&P 500) logra una revalorización del +1%, recuperando así en apenas días cerca de un 50% de la caída desde máximos. En la actual presentación de resultados, los analistas y las propias compañías, se muestran más optimistas con la evolución futura de los beneficios, lo que apoyó la recuperación de la renta variable. En concreto, los beneficios esperados por el 'consenso' de analistas para 2018 se han revisado al alza en +7% desde finales de 2017, a lo que se une que el número de empresas que han elevado sus propias 'guías' (expectativas de beneficios que presentan las compañías), es el más alto de la última década (un 25% de las empresas del S&P500 subieron sus guías, superando el promedio de 10% registrado desde 2007).

Detrás de estas halagüeñas perspectivas para las bolsas se encuentra la fortaleza del repunte económico, que se acerca ya al noveno año consecutivo de crecimiento del PIB estadounidense, y sobre todo, las medidas de estímulo fiscal del Ejecutivo de Donald Trump. Las bolsas se sitúan por tanto en el terreno que apoya la mejora de la actividad.

Sin embargo, al mercado de divisas, y en particular, al de la renta fija, les preocupa más el posible riesgo a que estas medidas fiscales deriven en un aumento estructural del déficit público estadounidense, en una mayor emisión de deuda y también en una aceleración de la inflación.

Uno de los riesgos de que la renta variable continúe capitalizando esta mejora de las perspectivas de los beneficios empresariales, proviene precisamente del mercado de renta fija. En el año, las rentabilidades exigidas a 10 años en Estados Unidos han subido ya 50 p.b. y son las más elevadas de los últimos cuatro años. De continuar este célere ritmo de incremento de los tipos reales en la economía americana, las condiciones financieras y el crecimiento se verían afectados.

Cómo reaccionará la Reserva Federal será uno de los factores decisivos en este debate, que en las próximas semanas centrará aún más la atención del mercado. El nuevo presidente de la autoridad monetaria deberá presentarse ante las Cámaras estadounidenses el 28 de febrero y el 1 de marzo, lo que será un aperitivo de la importante reunión de tipos de interés del 21 de marzo.

Más que la previsible nueva subida del precio del dinero que adoptará la Fed en esa reunión -sería la sexta desde el comienzo del actual ciclo de subidas y está ya ampliamente descontada por el mercado- lo relevante será su revisión sobre las perspectivas futuras y el tipo oficial objetivo para los próximos años.

Nuestro escenario es que la inflación seguirá al alza, pero debería alcanzar su nivel más alto en el segundo trimestre, y en ausencia de mayores incrementos de los precios energéticos, volvería a moderarse en la parte final de este año. Con ello, mantenemos las perspectivas de que la Fed seguirá con su hoja de ruta que incluiría entre tres y cuatro subidas adicionales del precio del dinero en 2018, ya que el mayor dinamismo económico no derivaría en unas elevadas presiones inflacionistas, dando así margen de actuación y permitiendo que el ajuste del mercado de renta fija sea más pausado.

Más que el nivel de la subida de los tipos de interés, el riesgo lo centramos en la rapidez y virulencia de este movimiento. En este entorno la estrategia adecuada continúa centrada en evitar exposición a la renta fija soberana, ya que seguimos viendo riesgo de caídas adicionales. Frente a ello, la renta variable mantiene potencial y tener una mayor exposición a sectores que se beneficien de la mejora del ciclo económico como el financiero, industrial y tecnología, debería guiar la selección de valores.

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