La mano del hombre

VICENTE LLADRÓ

Por todas partes leemos y escuchamos cómo se culpa de continuo a «la mano del hombre». Se dice, por ejemplo, que detrás de tal o cual desgracia natural o atentado contra el medio ambiente «está la mano del hombre», o que «la mano del hombre esquilma los recursos naturales», o que la salud del planeta se resiente cada vez más debido a las negativas acciones de «la mano del hombre».

Es una mano humana, lo cual nos daría pie a cogerla y apretarla, por pura humanidad, por solidaridad fraterna, incluso por compasión, pero resulta que es también una mano destructora, y eso nos invita al rechazo. Eso, rechacemos esa mano del hombre. Pero, a todo esto, ¿de qué hombre?, y ¿qué mano, la izquierda o la derecha? Digan cuál, que si es la del problema, la extirpamos y cuestión resuelta. Es broma exagerada. Perdón. Se habla de la mano del hombre en sentido genérico. Lo cual ya tiene una carga diferenciada a las de otras ocasiones actuales, cuando la moda imperante no acepta posibles interpretaciones discriminatorias de género, no se permite que se cite al 'hombre' como sinónimo de humanidad global, del ser humano. O sea, que si es para algo positivo hay que decir el hombre y la mujer, o la mujer y el hombre, pero en este caso, como es asunto negativo, no hay problema en culpar de todo a «la mano del hombre». No a la mano de la mujer.

Para el caso da igual, no nos vamos a poner exquisitos, porque la verdadera cuestión de fondo es esa asunción pueril de que el ser humano (hombre y mujer) es el culpable de todo lo que de malo le pase al ser humano y a todo lo que le rodea. Pasamos de vernos como reyes del mambo a sentirnos mal por todo. Pues a ver qué se hace para eludir tal complejo de culpa. Miren de hacerse algún sicoanálisis. O respiren menos, para no contaminar, porque lo cierto es que cada día somos más y consumimos más.

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