Leemos en la prensa: «Las administraciones educativas autonómicas, colonizadas por la ideología nacionalista, se servían de sus competencias para alimentarlos, propagarlos, e incluso protegerlos». Hay «trato vejatorio» a los alumnos que no apoyan la causa independentista y la utilización de los menores en actos secesionistas; que la Fiscalía persiga «con diligencia los delitos de odio, cuyas víctimas son los menores de los centros educativos»; «escándalo de adoctrinamiento sin precedentes en la escuela pública de...»; «Adoctrinamiento en las aulas alicantinas»; etc., etc.

La cultura constituye una globalidad de ideas, creencias, normas, hábitos-costumbres, instituciones..., reflejo de una imagen del mundo y de una constelación de valores que varían de unos grupos de sociedades a otros: musulmana, occidental, nipona, etc. Esto explica que cada población histórica de cultura tiene todo un mundo de formas y estructuras adquiridas, no sólo del pensar y del intuir, sino también del amar y del odiar, del gusto y del sentimiento estilístico, del valorar y del querer (como ethos y disposición del ánimo). Ello no afecta sólo a la inteligencia, sino también, en no inferior medida, a funciones, al sentimiento...

La cultura de una sociedad tiende a ser similar en muchos aspectos de una generación a otra. Esta continuidad en los estilos de vida se hace posible a través de la enculturación, que es una experiencia de aprendizaje consciente e inconsciente, mediante la cual la generación de más edad incita, induce a la generación más joven a adoptar los modos de pensar y comportarse tradicionales. En esto, suelen emplearse algunos procedimientos: premiar la conducta que se adecúe a las pautas de su propia experiencia de enculturación y castigar, o como mínimo no premiar la conducta desviada.

A través de la crianza en familia, cada uno adquiere la cultura globalmente, en la infancia sucede de manera irreflexiva. Pero, en las instituciones escolares, la cultura se adquiere de manera abstracta mediante las asignaturas, como: Tecnología, FP. Gimnasia, Deporte, Lenguajes, Ciencias, Dibujo, Pintura, Dramatización, Sociales, Ética, Filosofía, Religión... Así, cada asignatura efectúa una mediación entre la realidad y la sabiduría personal que se acumula. Esto se debe efectuar en dos planos: hacia los alumnos y respecto a los docentes, pues es imposible efectuarlo en solitario.

En las instituciones educativas se dan tres dimensiones. La primera es que la instrucción significa un proceso que transmite en un primer nivel aspectos generales (leer, escribir, hablar con propiedad, así como conceptos de las ciencias) imprescindibles para desenvolverse en la sociedad y, en un segundo o tercer nivel, los conocimientos específicos para practicar un oficio o profesión. Aunque generalmente desarrolla lo sensorial y memorístico, se abre a la conciencia, pero no necesariamente. La segunda se refiere a que tener formación consiste en emplear lo aprendido por instrucción, añadiendo valores y captando el sentido de las lecciones, sucediendo un salto cualitativo. Entonces el conocimiento se organiza, permitiéndonos entendernos a nosotros mismos y al mundo, sabemos nuestra cultura y a los otros inmigrados que interaccionan con nosotros. Y la tercera expone que estar educado es resultado de la actuación armónica, fácil y constante de ciertos hábitos que el hombre es capaz de adquirir y desarrollar con las fuerzas naturales, y que por esto reciben el nombre de virtudes naturales o humanas. Entonces es cuando el estudiante llega a saber coordinar todos los aspectos de su persona, desplegando los planos de todo su ser en unas situaciones críticas concretas, entonces ha de vivir los valores como actos en comunidad.

No obstante, se contradicen, en vez de enculturar adecuadamente, cuando los manipuladores tratan de imponer normas y, sin explicarlas, exigirlas; censuran los valores morales, políticos y/o religiosos diferentes a los suyos; castigan sin explicación; con incorrección ridiculizan o avergüenzan a solas o en público a otros (¡Tu padre es...!); cuando se amenaza de cualquier forma para forzar una conducta.

Tenemos fenómenos opuestos a lo correcto, como es la aculturación (pérdida de elementos de la propia identidad cultural). Esto sucede cuando a unos sujetos se les cambian los valores por una influencia organizada de otro grupo, que actúa consistente y de manera sostenida en el tiempo, hasta agotar a los naturales. Suceden cuando el docente excluye ideas que son propias del proyecto escolar, pretendiendo imbuir el propio orden a los demás; enseñar quitando parte del programa de la asignatura; practicar la intolerancia (xenofobia, racismo, discriminación nacionalista contra minorías); o ser dogmático (imbuir creencias en asignaturas que no son de fe).

Para evitar las crisis escolares (de infantil a universidad), hay que tener presente que la docencia debe ser éticamente íntegra. Así ha de procurarse que los anhelos de docentes se enraícen en la realidad (si el alumno habla tal lengua, el aprendizaje debe ser con la misma, si no se provoca retraso escolar; si se practica una religión, no hay que hurtarla en las aulas), todo bajo la convicción de educar en la libertad y para la libertad. Y también hay que salir del deseo de la atmósfera de la fantasía al introducir la propia ideología del profesor.

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