¿Quién manda en la Casa Blanca?

Una cosa es el presidente y otra la presidencia, elevada a un rango que presupone una especie de poder colectivo

ENRIQUE VÁZQUEZ

Se diría que el ejercicio presidencial en los Estados Unidos a cargo de Donald Trump pasa por ser básicamente una diversión local, nacional e internacional más que una genuina preocupación político-institucional. Es como si se expresara en silencio una suerte de convicción profunda según la cual las ocurrencias del presidente, sus salidas de tono, su incapacidad para formar un equipo solvente y, sobre todo, duradero no alcanzarán nunca los extremos requeridos para obligarle a una dimisión, forzada o impuesta por un procedimiento de 'impeachment'.

En otras palabras, es como si el mundo entero hubiera asumido que una cosa es el presidente y otra la presidencia, elevada a un rango que presupone una especie de poder colectivo en el que hay siempre palancas juiciosas, veteranos tranquilos y recursos para la rectificación. Toda esta constatación, sin embargo, está aún por hacer incluso tras la decisión de Trump -la más sensata tomada por él- de nombrar jefe de gabinete al general John F. Kelly, hasta entonces a cargo de la Seguridad Interior.

Kelly es la antítesis del jefe del Estado. General de cuatro estrellas, muy enérgico, sistemático y trabajador, es un uniformado sin experiencia política y a quien nadie pareció vislumbrar para la seguridad policial del país antes de que el presidente formara su primer gobierno, pero alguien le dio el buen consejo. Se dice que el general hizo saber que haría cambios hasta donde sus poderes se lo permitieran y afirmó que retendría su independencia de criterio tan alta como su lealtad a la jefatura del Estado, algo que todo el mundo da por asegurado.

Al margen de toda influencia partidaria y sin corromper los famosos hábitos presuntamente malignos del Washington político, el nuevo hombre fuerte de la Casa Blanca parece haber empezado con buen pie y no se pueden esperar de él tonterías ocasionales ni juego de filtraciones a la prensa ni aproximaciones a los corrillos político-partidarios que son ya legión desde que el fenómeno Trump reanimó, alentó, atizó como un fuego inquietante que había tendido a desaparecer o, al menos, a menguar en los ocho años de Obama.

Así, a la pregunta de ¿quién manda en la Casa Blanca?, que fue respondida con varios nombres según la fecha de la interrogación, se da ahora el del general John F. Kelly. Es como si ante los fracasos sucesivos en la conformación de un grupo de trabajo armonioso, decoroso, útil y sobrio el presidente hubiera recurrido... a la Caballería, como en los westerns. Si, como parece seguro, se ha salvado de la quema Jeff Sessions, el Fiscal General es posible que esta pareja, acompañada por el soso, pero inofensivo Secretario de Estado, Rex Tillerson, y si funciona el llamamiento al orden de Kelly, que parece incluir el control de la familia Trump, hay una cierta posibilidad de que el sentido común retorne al Despacho Oval. Se acabaría así la divertida comedia.

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