EL DÍA DE MAÑANA

MANUEL ALCÁNTARA

Por si le falla la memoria, la Generalitat le recuerda al Gobierno su propósito de no obedecer pase lo que pase. La Guardia Urbana de Colau custodia las urnas, que son propiedad del Estado, para que no se utilicen en el referéndum suspendido por el Tribunal Constitucional. Todas tienen alma de cristal, pero en Cataluña se disputan los vidrios rotos. Raúl Romeva, pomposamente llamado consejero de Asuntos Exteriores del Gobierno catalán, ha dejado clara su postura desde Bruselas. Si gana el 'sí', Cataluña se encaminará automáticamente hacia la independencia y si gana el 'no', el Gobierno dimite y se convocan elecciones regionales. De momento, la alcaldesa de Barcelona es la que custodia la rendija por donde deben entrar las papeletas de la votación ilegal que fue legalizada por ella. ¡Vaya papeleta para el resto de españoles, a los que no nos preguntan nada! Ningún país es fácil, pero en el circo catalán quieren ponerlo «más difícil todavía», mientras la Guardia Civil confisca millones de papeletas y sobres para la consulta. Se temen los disturbios que otros desean. Hace tiempo que buscan un muerto, porque hay víctimas de espoleta retardada que explotan con más daños.

Incluso Oriol Junqueras, que no le quita ojo, aunque esté ligeramente independizado del otro, le ha escrito al presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, advirtiéndole de que «los preocupantes acontecimientos» pueden acarrearnos a todos un impacto negativo en la zona euro. Las luchas intestinas siempre acaban oliendo mal y le echan la culpa al trayecto, pero las respuestas están siendo emocionantes. Hay muchos balcones con la bandera española. No son contra nadie, sino a favor de todos. El nacionalismo exacerbado siempre ha conducido al desastre. Para salir de él lo mejor es no entrar.

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