El mes maldito del PP

La oposición ha aprendido que lo único que desgasta al Gobierno es la corrupción

CURRI VALENZUELA

Pocas veces un hombre importante necesitará tanto unas vacaciones como Rajoy este mes de agosto. Cuando consiga instalarse en la casita rural de ese pueblo de Galicia en el que veranea hace varios años podrá respirar tranquilo... suponiendo que se aísle de prensa, radio y televisión que sin duda seguirán aún comentando los ecos de su paso por la Audiencia Nacional el 27 de julio para declarar, como testigo, en el juicio del caso Gürtel.

La intervención de Rajoy aportará poco a la causa contra Correa y sus compinches. En este juicio se está instruyendo la primera fase de Gürtel, cuando Rajoy no mandaba aún en el partido y, aunque actuaba como director de las campañas electorales de José María Aznar, poco pintaba sobre la financiación de las mismas. El entonces gerente, Luis Bárcenas, tomaba las decisiones económicas. Su amigo Paco Correa organizaba los actos a precio, sabemos ahora, muy por encima del mercado. Entre ellos se había establecido, según todos los indicios, una trama de la que el hoy presidente del Gobierno y el PP estaba bastante alejado. Ni siquiera tenía relación de amistad ni con el uno ni con el otro.

Pero lo mismo da. Quizás no haya sido afortunada la decisión de Moncloa de pedir que, ya que no pudieron evitar que Rajoy declarara en persona al menos la Audiencia Nacional le cite uno de esos días en que la gran mayoría de españoles solo siguen las noticias para comprobar el estado del tiempo y las carreteras. Porque aunque sea en la radio del coche lo único que van a escuchar de interés en esos días es el eco del testimonio del presidente. Y tal como están las cosas eso eco poco tendrá que ver con lo que Rajoy transmita.

La oposición ha aprendido que lo único que desgasta al Gobierno es la corrupción. Y en esa tarea está, avivando el fuego que ya de por sí presenta llamas de espectacular tamaño no porque los populares actuales sean los más corruptos de la historia, sino porque gracias a la lentitud de la Justicia y las dilaciones conseguidas por los abogados de los acusados están llegando, al fin, a los tribunales, los casos más graves de la conducta delictiva de dirigentes del PP en aquella época en la que este partido gobernó con mayoría absoluta en buena parte de España y bastantes de sus cargos se beneficiaron del clima de pelotazo.

Antes que Rajoy vaya a la Audiencia su partido, y de rebote él mismo, tendrán que pasar por otro mal trago: el de la citación de todos los tesoreros en la historia del PP ante la comisión del Congreso que investiga la corrupción de esta formación política. Un trámite igualmente engorroso no por lo que puedan declarar, sino por la imagen que transmitan, todos ellos sentados con Bárcenas, y sobre todo por el rédito que Sánchez, Iglesias y Rivera están dispuestos a obtener de semejante acontecimiento mediático. Como venganza, los populares han citado ese mismo día en el Senado a los tesoreros actuales de PSOE, Podemos y Ciudadanos. De poco les servirá.

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