Maestros en la era digital

AGUSTÍN DOMINGO MORATALLA

Durante la primera quincena de julio más de 400 maestros de toda España asistirán en Valencia a los cursos que organiza el Centro Nacional de Innovación e Investigación Educativa del Ministerio de Educación. Convocados por una programación que va desde la Ciudadanía activa o Inteligencia computacional hasta los últimos avances de la Neuroeducación aplicada al aula, estos docentes tienen la moral muy alta porque casi sin terminar el curso en los respectivos centros de toda España, dedican una semana intensiva para completar su formación.

Quienes tenemos la ocasión de gestionar directamente esta formación comprobamos que las diferencias entre comunidades autónomas son menos significativas de lo que nos hacen creer los partidos y que la fuente de los cambios tiene una matriz cultural global que afecta docentes de todos los niveles. Aunque esta matriz está cada vez más condicionada por el 'Internet de las cosas' (IoT) por el que todo tiene que estar conectado a la red, las relaciones educativas nunca pueden ser sustituidas por la presencia cada vez más visible del mundo digitalizado.

A diferencia de lo que se puede creer, la aplicación de las nuevas tecnologías en los procesos educativos no sólo exige alfabetización digital en la hiperhistórica galaxia Steve Jobs sino alfabetización gramatical en la histórica galaxia de Gutenberg o alfabetización emocional en la prehistórica galaxia de Homero. La formación que agradecen no es aquella que los ubica en uno de estos tres universos, sino aquella que les permite descubrir la novedad de la encrucijada cultural de mundos en la que ahora se encuentran. No triunfan cursos de alfabetización digital entendida como formación instrumental, sabemos que con el tiempo irán cambiando los dispositivos móviles y su aplicación a los recursos educativos. Tampoco triunfan los cursos de redes o sistemas, triunfan los cursos que capacitan para unir la inteligencia humana en todas sus modalidades con el conocimiento y, sobre todo, con la sensibilidad.

Además, no interesan únicamente cursos que faciliten técnicas o recursos que se apliquen a un alumno determinado, sino que se puedan aplicar al conjunto de la clase. Como Bonnie, la maestra que encarna la actriz Jenny Slate en la película 'Un Don excepcional', no sólo debe descubrir las capacidades nuevas de un alumno, sino gestionar el valor de la diferencia para el bien común del grupo. Esta gestión enriquecedora de la diferencia en el aula se realiza mejor cuando los maestros se organizan en clave de equipos comunitarios transdisciplinares, es decir, cuando los maestros y profesores no trabajan como sumatorios de 'figuras galácticas' en sus respectivas parcelas sino como profesionales con 'mentalidad de equipo'. Cuando falta, descubrimos la diferencia entre instruir para sobrevivir y educar para convivir.

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