Macron

Francia prepara un mes de formación para los jóvenes entre 18 y 21 años, que tendría efectos en la cohesión y la mezcla social

F. P. PUCHE

Interesante. Y verdaderamente seductor como proyecto. El presidente Macron, en su campaña electoral de 2016, prometió la reinstauración de un 'servicio militar' para todos los jóvenes franceses, causó una polémica que asustó a los de su partido, despertó muchos adversarios en la oposición... Pero llegó al Eliseo y comenzó un mandato donde el asunto parecía haberse dormido. La semana pasada, él mismo se ocupó de reverdecerlo. Y sin usar la palabra 'militar' tuvo la notable valentía de recuperar su promesa para ir dándole ya perfiles, detalles, cara y ojos.

Desde luego que en Francia no se habla de otra cosa. Para ponerle verde, pero también para ahondar, con seriedad, en los matices e ideas, en el concepto de la obligación ciudadana de responder a las necesidades de la nación. Necesidades de la Defensa, aunque en este caso no sea lo sustancial, ya que no van a sustituir a los soldados profesionales; pero sobre todo, que es la nuez del asunto, en el compromiso de atender, todos, al servicio a la República. Que es de lo que se trata, aunque sea apenas durante un mes en la vida, o bajo la forma, mucho más llevadera, de la prestación de una semana al año, durante un cuatrienio.

Macron y los partidarios de la idea, lo tienen diáfano. Sería «una experiencia ciudadana de la vida militar, de la mezcla social y de la cohesión». Y afectaría a todos los jóvenes -estudiantes y obreros, mujeres y hombres, ricos y pobres- entre los 18 y los 21 años. Para dejar muy claro el principio más elemental: todos somos ciudadanos iguales, todos somos el Estado, todos hemos de contribuir. Y en este caso lo hacemos, generosamente, a través de un pequeño ciclo lleno de recompensas. Porque socialmente, ese corto mes que el Estado reclama se convierte en el primer milagro: los guetos se rompen, las procedencias raciales se funden, las tribus urbanas se diluyen, los estratos se hacen permeables. Si es bueno que los provenzales conozcan mejor a los normandos, si los corsos deben convivir con los parisinos y los bretones con los marselleses, todavía es mejor que los torneros trabajen junto a los informáticos y las maestras con los aprendices de médico.

La cohesión de un país gana mucho con esa convivencia, por más que sea efímera. Una nación se configura sobre nociones democráticas compartidas... o es un magma sin forma que sólo cohesiona whatsapp. Pero es que, además, Macron, en una de sus recientes aclaraciones al proyecto, ha perfilado otros conceptos básicos. Se trata de que los jóvenes «reciban una formación militar elemental: disciplina y autoridad, conocimiento de las prioridades estratégicas del país y de las grandes problemáticas de la seguridad, actividades físicas y deportivas».

Interesante. Muy seductor. Sólo como tema de debate es mucho más valioso, serio y enriquecedor que todas esas bagatelas sobre qué hacer con las Fallas. Porque, mira tú por dónde, aquí no hay género que valga.

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