Lunes menos triste

Arsénico por diversión

Es una tontuna más que considera el consumo de Navidad y la indolencia de las vacaciones el paraíso que añoramos en enero

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Por si no hubo bastante con el Black Friday y el Cyber Monday, ahora viene el Blue Monday. El lunes triste. El peor del año. Y resulta que es ¡hoy! según los expertos. Parece comprensible que el día más triste entre 365 sea un lunes pero de ahí a que sea hoy hay un gran trecho. La determinación de la fecha fue cosa de un profesor de la Universidad de Cardiff que dijo haber encontrado la fórmula para saber cuál era el peor día del año y llegó a la conclusión de que era el tercer lunes de enero. Según él, entran en juego muchos factores: el clima, el tiempo que ha pasado desde vacaciones, las deudas de las compras navideñas, el sueldo de enero, los propósitos para corregir algo malo de nuestra vida o las motivaciones que nos mueven. O sea, la vida en general que lo mismo puede afectarnos en enero que en julio. El grado de tristeza o alegría es tan personal que resulta imposible encontrar pautas comunes para todos. Sin embargo, hay quien se empeña en controlar absolutamente todo y convertir cualquier emoción en una fórmula matemática o en una reacción química.

Lo mismo sucede cuando intentan convencernos de que el amor, la amistad, la voluntad, el tesón o el altruismo son fruto de nuestros niveles hormonales, bioquímicos o electromagnéticos. La cuestión es racionalizar todas nuestras reacciones y nuestro comportamiento. Si nos enamoramos es por la producción de determinadas sustancias en el cerebro; si nos sentimos motivados es por la reacción química que se produce en nuestro organismo y si no tenemos ganas de trabajar no es que seamos vagos sino que nos falta alguna proteína. Sin duda, hay momentos en los que la física o la química condicionan nuestra forma de actuar y hay acciones que activan la producción de sustancias, pero lo grandioso del ser humano es que aún hay una parcela de su ser, de su emoción, de su creatividad o de su generosidad que no se puede calcular ni medir ni replicar fácilmente. No es una fórmula. Podemos analizar la actividad cerebral de una madre cuando tiene a su hijo en brazos; medir su ritmo cardíaco cuando el niño la mira y atribuir su ternura a una combinación de reacciones químicas, pero no será fácil racionalizar por qué siente eso con su hijo y no con cualquier bebé en las mismas circunstancias. Y mucho menos por qué algunas madres no sienten nada. Podemos calcular la capacidad creativa de un pintor y la probabilidad de que llegue a gran artista, pero no podemos replicar su 'duende' como decía Lorca. El Blue Monday es una tontuna más que considera el consumo de Navidad y la indolencia de las vacaciones el paraíso que añoramos en enero. No tiene en cuenta la capacidad de cada uno por construirse su propio paraíso e incluso su resiliencia para sobreponerse a los días grises, llenos de nubarrones, fríos y desapacibles. En lo atmosférico y en lo vital. En definitiva, la capacidad de crearnos un 'Sunny Year' interior y defenderlo.

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