LUCIANO Y MARCELINO

NACH0 COTINO

Pescar en el mercado invernal siempre fue un deporte de riesgo. Salvo que tengas la disponibilidad económica de los gigantes, su desfachatez para entrar en casa ajena como un elefante en una cacharrería y el coro mediático que te aplauda el descalabro que produces en el club expoliado, no es fácil salir de compras con estos fríos. Esto es así aunque no pretendo, ni mucho menos, con tal aseveración justificar a quienes tienen la responsabilidad de reforzar la plantilla y al hilo de ello vaya por delante que, cuando Marcelino se decantó en verano por un plantilla tan corta, asumió un riesgo importante. Ahora, la búsqueda de un delantero es una ardua labor y más teniendo en consideración los condicionantes que pone el propio Marcelino: que conozca la Liga para su rápida integración y los que pone Alemany: que venga con una opción de compra bajo el brazo para que, en caso de 'romperla' no se convierta en flor de un día y que, de paso, dicha opción no sea obligatoria evitando así incómodas hipotecas. Si, además, lo queremos bueno, bonito y barato la cosa se complica un poco más si cabe, porque viajar a Liverpool y poner encima de la mesa del Everton 18 o 20 millones para repatriar a Sandro y firmarle un contrato de 5 kilos por año sabría hacerlo hasta el mismísimo Alexanco. Por todo ello entiendo a la perfección la 'operación Vietto' como una oportunidad de mercado con muchas posibles ventajas para el Valencia y un riesgo digerible. Quizá no sea el de Luciano Vietto el nombre más ilusionante que podría soñar el aficionado y, seguramente, de producirse su fichaje en la tesitura que se encontraba hace un año el Valencia: en la parte baja de la tabla sin patrón y a la deriva, la valoración sería bien distinta a la que podamos hacer hoy. Hace un año sobre la espalda de Vietto hubieran pesado como una losa sus dos últimas temporadas en las que no ha sido capaz de justificar los 20 millones que pagó el Atlético pero hoy no es así. Y no lo es por la oportunidad que supone su contratación de bajo riesgo y, por encima de todo, porque cuenta con el aval de Marcelino. Por eso hoy Vietto se ve liberado, a ojos del aficionado, de su paso por el Atlético para que todos recordemos y queramos ver al Vietto que triunfó en el Villarreal con Marcelino. Después de comprobar cómo intervino para convencer a algunos futbolistas para que vinieran y a otros para que se quedasen, después de comprobar el rendimiento que está cosechando de los unos y de los otros, y después de ver cómo ha sido capaz de influir en el jugador para deshacer su cantada marcha a Portugal, no serán muchos los que discutan al técnico la posibilidad de volver a demostrar al 'planeta fútbol' cómo se obra el milagro de la Resurrección. Y si no lo consiguiese, se ha ganado con creces el derecho a equivocarse.

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