Llévame contigo

ELENA NEGUEROLES COLOMER

Si estás pensando en tener perro, asegúrate de que estás preparado para asumir tanta responsabilidad. Se trata de un ser vivo al que prometes cuidar, amar y respetar, en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, todos los días de su vida y del que nunca podrás divorciarte, por mucho que ponga a prueba tu paciencia.

Un perro puede ladrar sin descanso, soltar pelo –al que quizá seas alérgico–, romper muebles y zapatillas, hacer agujeros en el jardín, marcar su territorio, llorar si le dejas solo, etcétera.

Probablemente tengas que enfrentarte a estas u otras incómodas situaciones que, afortunadamente, casi siempre tienen solución.

Pero con toda seguridad tendrás que aceptar obligaciones ineludibles: dedicar tiempo y dinero para satisfacer sus necesidades materiales y afectivas, procurar que no moleste a nadie, recoger lo que ensucie, contar con él para planificar viajes o vacaciones, vivir donde lo admitan...

Si, aun así, no renuncias a un compañero siempre disponible para compartir juegos, paseos o siestas, que te ame incondicionalmente, te espere impaciente y te reciba con alegría... es el momento de hablarte de la adopción.

Es el momento de decirte que adoptar es la única alternativa que beneficia a todos:

–Salva a los perros abandonados de malvivir hacinados o de ser eliminados por saturación de los refugios. Perros cuya suerte está en nuestras manos, que ya existen, que ya están aquí, fruto de la indiferencia de las autoridades que no toman medidas preventivas y de la sociedad que continúa tratándolos como objetos. Vergonzosamente, la ley española, trasnochada y nulamente empática con los animales, todavía los considera bienes muebles.

–No contribuye a fomentar "fábricas de perros" que satisfacen la demanda a cambio de intereses económicos, con la consiguiente explotación de hembras reproductoras, frecuentemente obligadas a parir sin descanso durante su época fértil, y dejadas de lado sin cuidados ni cariño cuando ya no sirven para ese fin, al igual que los cachorros que nadie compró. Perros creados a la carta, que disminuyen las oportunidades de los abandonados, además de ser las primeras víctimas de este comercio de seres vivos.

–A los adoptantes les permite crear un vínculo indestructible con sus adoptados, pues, al amor que sentiríamos por cualquier animal que compartiera nuestra vida, se suma la satisfacción de haberle librado de una existencia triste y miserable y eso es algo que ninguno de los dos olvidaremos.

Y, por si fuera poco, les garantiza una adaptación sin problemas, dejando al perro durante unos días en acogida, para asegurarse de que todo va bien, antes de formalizar la adopción.

Son suficientes razones para rogarte que no te precipites a una tienda, sin visitar previamente la perrera o protectora más cercana. Para tu sorpresa, te encontrarás con todo tipo de perros: viejos achacosos, cachorros juguetones, jóvenes adultos, exclusivos mestizos y hasta clónicos ejemplares de las sobrevaloradas razas.

Y todavía te sorprenderá más saber que, si te acercas a un perro de esos en los que nadie se fija –un chucho viejo, feo o anodino, que te mira con fingida indiferencia e incluso te gruñe–, y logras atravesar esa fachada con la que se protege del rechazo, la relación que establecerás con él será tan gratificante que no lo cambiarías por el perro más bonito del mundo.

Así que aparca un ratito tus preferencias y ve con la mente abierta. No te empeñes en conseguir un perro en concreto, elegido de antemano según una idea preconcebida e inamovible. Deja espacio al flechazo. Míralos a todos sin prejuicios ni discriminaciones. No pases por delante de ninguno como si fuera invisible.

Todos están desvalidos y necesitan un hogar, cada uno por sus propias circunstancias, y todos, aunque a simple vista no te lo parezca, tienen algo especial que ofrecerte.

Los cachorros, divertidos y alegres, son muy vulnerables y es difícil que sobrevivan en centros masificados.

Los adultos jóvenes están en su mejor momento, porque han superado la fase de los destrozos y su físico y carácter son los definitivos, pero cuanto más tarden en salir más se reducen sus probabilidades.

No deseches a un perro por su tamaño. Los perros grandes suelen ser nobles, silenciosos y tranquilos y les basta con un rinconcito para tumbarse a tus pies. Piensa que, por pequeña que sea tu casa, siempre será más grande que una jaula.

Los perros viejos ven pasar el tiempo sin que nadie se decida a darles los mimos y comodidades que nunca conocieron o que un mal día les fueron arrebatados. Proporcionárselos te hará tan feliz a ti como a ellos.

En fin, que –con un poco de suerte– no tendrás que desplazarte a ningún otro lugar, porque cualquiera de esos perros, mirándote fijamente a través de los barrotes de su celda, te suplicará: "Llévame contigo".

Y, cuando vuestras miradas se crucen, sabrás, sin ningún género de dudas, que es el "tuyo", el que buscabas, el que te estaba esperando... aunque no se parezca en nada al que habías imaginado.

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