Los límites de la tierra plana

Álvaro Mohorte
ÁLVARO MOHORTEValencia

Después de ganar la guerra puede estallar la paz. El desplome de la patronal y la práctica rendición de las empresas de la estiba ante las exigencias de los sindicatos cerró la primera temporada de este conflicto que, lejos de llevar a la serie a su fin, tiene por delante muchos más episodios. El último lo contaba esta semana Elisabeth Rodríguez en LAS PROVINCIAS y revelaba como la empresa marítima MSC ha decidido que 500.000 contenedores de mercancías que debían haber recalado en el Puerto de Valencia en el cuatro trimestre de este año terminen haciendo en el Puerto de Barcelona.

La razón de la empresa, que gestiona una de las tres terminales del Grao, no es otra que escapar de la conflictividad de la instalación valenciana, puchimbol al que los estibadores españoles han estado arreando desde hace un año para demostrar su fuerza.

Al margen de la huelga de todos los puertos españoles, en el valenciano se decidió entorpecer la actividad en jornadas laborales normales de forma aleatoria para demostrar fuerza en la mesa de negociación.

El resultado a corto plazo fue rebajar la productividad hasta un 40% sin que las empresas pudieran prever el golpe y tomar medidas para encajarlo mejor. Quizás no pensaron quienes lo llevaron a cabo que determinadas decisiones tienen sus consecuencias.

De hecho, la factura ha llegado con una rebaja en 500 personas de la demanda de mano de obra para la estiba a final de año. Todo es opinable, pero quizás no hay mayor pérdida de derechos laborales que perder el trabajo y esto será lo que experimenten en sus casas casi un cuarto de los estibadores valencianos, mientras sus homólogos barceloneses verán incrementar la carga de trabajo en sus muelles tras años de capa caída.

Es innegable la relevancia económica de Barcelona, pero en el negocio marítimo había perdido fuerza al ser más práctico para los portacontenedores que transbordar su carga a otros barcos más pequeños alejarse lo menos posible de la línea más directa entre los estrechos de Gibraltar y Suez. De este modo, mejor Valencia que Barcelona, a pesar de que el gran riesgo para España es el crecimiento del puerto de Tánger-Med, aún en fase muy inicial, pero que ya le ha levantado la gorra a Algeciras en los últimos meses. Maersk, que gestiona instalaciones de ambos lados del estrecho ya ha desviado todos los buques que ha podido para evitar la conflictividad española y la situación todo apunta a que se agrave para la dársena andaluza.

Aunque Cosco prevé convertir al Puerto de Valencia en escala clave para su megabuques, no se debe olvidar que si se muerde la mano que da de comer, esta puede apartarse... y que no salga otra que la reemplace.

Fotos

Vídeos