Límites elásticos

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

La elasticidad de los límites depende de nuestras simpatías y nuestro sesgo ideológico. Con las bromas sucede lo mismo, si el bromazo lo provoca un amigo contra un adversario al cual le profesamos manía, nos tronchamos, admiramos ese arrebato de humor; si en cambio es nuestro colega el que sufre el dardo, ah, entonces consideramos que se han extralimitado siete pueblos y que semejante desfachatez no sólo no tiene gracia, sino que resulta intolerable. En el nombre de la libertad de expresión algunos consideran que las letras de un rapero que se cisca en Ortega Lara son mera creación artística, sin embargo, estos mismos defensores se quejan cuando alguien cuestiona el morro de un perroflauta o de un okupa. Me entristece el férreo corsé ideológico que impulsa el pensamiento del personal impidiendo otros razonamientos. Por desgracia esta es la norma y no la excepción. Aquel mensaje de Rajoy a Barcenas, el célebre «sé fuerte», provocó un colapso emocional colectivo y mereció no sólo amplia cobertura de frondosa cuchufleta y garrotazos en la corrala política, como es lógico, sino incluso tesis doctorales. Nadie se cuestionó si ese mensaje pertenecía a la esfera privada. Se comentó la jugada y se comenta hasta la extenuación. Con los destapados textos perdedores de Puigdemont asistimos a una ola quejosa que se lamenta porque han violado su intimidad. Los mismos que se burlaban y criticaban, insisto, con razón el espaldarazo telefónico de Rajoy, mutan en paladines ansiosos por preservar la parcela íntima del heroico exiliado al borde del abismo depresivo. ¿En qué quedamos? Pues en lo de siempre, en esa extraña costumbre que establece barra libre de chanzas contra la derecha y máximo tono exquisito contra la izquierda. Mejor sería apostar por el café para todos mientras nos despojamos de las fobias.

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