LEYENDAS NEGRAS Y LEYENDAS BLANCAS

No hay forma de convencer de lo contrario a quien está con la tontería de que España aniquiló a los indios, ni al que sigue con que el Che fue un héroe

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

Parece mentira que en la era dominada por la hiperinformación -o eso se presume- se mantengan bulos y leyendas en las mismas de siempre, cuando no se incrementan, y no hay quien consiga desmentirlas, convencer de lo contrario, ni siquiera sembrar la duda, que los conversos se cuestionen algo.

Ahí tenemos la leyenda negra que afecta a España desde hace siglos, la que hace suponer que las poblaciones de indios americanos fueron aniquiladas por la Conquista. Da igual que se recuerden evidencias, hechos históricos y argumentos de todo tipo; los necios y los malintencionados dispuestos a aprovecharse de la corriente siguen en las mismas, o van a más. Miren si no a los que gobiernan hoy la autonomía de Navarra, económicamente tan favorecida por el resto de España, que han tenido la graciosa idea de cambiar la conmemoración de la Hispanidad por el reivindicativo concepto de celebrar el Día de la Resistencia Indígena. Será por mantener el carácter festivo de la fecha, y por fastidiar a los demás.

No importa que se diga y repita hasta la saciedad que es ridículo juzgar con miradas de hoy situaciones de cinco siglos atrás; que los iniciadores de esa leyenda negra fueron anglosajones interesados en desacreditar a España como potencia internacional, escondiendo al mismo tiempo que en los territorios americanos que ellos colonizaron sí que imperó una sistemática eliminación de indígenas; no así los españoles, entre lo que abundaron los que eran llamados 'vizcaínos', hoy vascos y navarros. Las pruebas de que los hechos no fueron como los pintan los actuales gobernantes de Navarra y otros adláteres las vemos en los habitantes actuales de todos los países iberoamericanos, donde es bien patente la gran presencia, en muchos casos mayoritaria, de herederos de las poblaciones indígenas, y en las estructuras culturales de todo tipo que se entroncaron entre los que llegaron y los que estaban. Por no incidir en múltiples situaciones en las que pueblos indígenas se aliaron con los conquistadores españoles para poder desasirse de quienes sí que los estaban oprimiendo y aniquilando.

Da igual, hay tontos que cogen una senda y, cuando la senda se acaba, ellos siguen. Y da igual que se vaya en un sentido que en el contrario.

Ahí tenemos el mito del Che Guevara. Se acaban de cumplir los 50 años de su asesinato -fue asesinado- en Bolivia; los románticos seguidores de su blanca leyenda siguen en las mismas y sus postulados supuestamente heróicos se replican igual que siempre. Da igual que últimas investigaciones de J.J. Benítez insistan en que, de héroe, nada, más bien déspota y sanguinario. Y mucho menos héroe del régimen cubano. Cada vez está más claro que fue el propio Fidel Castro quien facilitó que desapareciera de la escena un contrincante en alza. Le honran en su supuesta tumba de La Habana y Benítez asegura que sus restos no salieron de Bolivia. Pero prosigue su leyenda blanca.

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