Lewis Caroll

CARMEN VELASCO

Desde el sofá de casa resulta cómodo reclamar a los ídolos y a las heroínas que admiramos todo tipo de virtudes, como la lucidez, la honestidad, la coherencia, la franqueza, la valentía, la responsabilidad... Pero los genios no son siempre ejemplarizantes: cautivan como creadores y decepcionan como seres humanos. Ha sido así desde siempre, por ejemplo, a Lewis Caroll, del que hoy se cumplen 120 años de su nacimiento, se le ha acusado de pedofilia. El mundo del escritor, al parecer, no era tan maravilloso como el de Alicia. No es cuestión de saquear méritos a los creadores muertos a costa de sus perversiones ni de dar nombres de los mitos caídos, pero hoy se está a tiempo de corregir el presente e incluso de mejorar el futuro. En el caso de los abusos sexuales en Hollywood, el delito no debe enmascararse bajo el talento o el poder de influencia del depredador, sino que ha de juzgarse en un tribunal y castigarse de acuerdo a la ley. Sin excusas.

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