Legalizar el tráfico de influencias

FERRAN BELDA

El cielo está empedrado de buenas intenciones. Y me da la impresión de que el anteproyecto de Ley reguladora de la actividad del Lobby (sic) en la Comunidad Valenciana (CV), aprobado recientemente por el Consell, es una de ellas. Por los ojos nos van a salir los corruptos si se legaliza, sin más, el chalaneo político-económico.

Todo lo que la implantación del carnet de manipulador de alimentos se tradujo en una mejora automática de la salud pública, la entrada en vigor de esta licencia para camelar no provocará más que destrozos en la moralidad de nuestros políticos. La introducción del certificado oficial de manipulador de políticos, sin otro requisito que el de estar inscrito en un registro gratuito -en un país donde todo es de pago-, no puede más que disparar el índice de criminalidad. Ya de por sí bastante escopetado. Yo es que pienso en que a partir de ahora cualquier traficante de influencias va a poder actuar a pecho descubierto, en «despachos mejor iluminados y ventilados», por utilizar la metáfora que empleó el consejero de Transparencia Manuel Alcaraz para explicar las supuestas bondades de la nueva ley, y tiemblo. No sin razón. Porque eso falta, que les vayan dando facilidades para entrar y salir de las estancias oficiales sin preocuparse si las por puertas son giratorias o blindadas. Se nos argüirá que de ahora en adelante ambas partes estarán obligadas a airear sus reuniones. Sí, creo que sí. No lo hacían antes por la cuenta que les traía, lo van a hacer ahora porque lo diga Alcaraz. Un conseller que está tan preocupado por cómo han encajado los pobrecitos cabilderos la medida que va a convocarlos a una reunión para explicarles el espíritu y la letra de la ley. Todo un detalle por su parte. Nada que deba sorprendernos después de leer cómo se dio a conocer el director de la Agencia de Lucha contra el Fraude y la Corrupción Joan Llinares: afirmando que muchos de estos delitos de prevaricación, cohecho, malversación, etc. dejarán de producirse en cuanto imparta unos cuantos cursillos de prevención. Y los que no, se los contarán los funcionarios llamando a un discreto teléfono que él les va a dar.

Pero es que, además, no veo qué avance puede suponer para la lucha contra los enjuagues la publicación de la 'huella normativa', la influencia que los cabilderos hayan ejercido en la confección de los preceptos, cuando el meollo de la cuestión, por lo general, no está en las normas sino en el reglamento, como sabía Romanones. En el toma y daca contractual que se pastelea bajo cuerda. Y en lo arraigado que está el compadreo sin necesidad de que se le otorgue cobertura legal. Verbigracia: El delegado del Consell para la UE Joan Calabuig contó el otro día como la cosa más normal del mundo que la Generalidad va a compartir piso en Madrid con un grupo de presión. Y no cualquier piso: la reabierta sede oficial de la CV.

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