LECTOR, LEVÁNTATE Y ANDA

El sedentarismo y la obesidad son la epidemia del siglo XXI, pero es tan fácil combatirlos. Solo falta querer

FERNANDO MIÑANA

La cantina me arranca de mis vacaciones. Me saca durante unos minutos de este carrusel que es Valencia, o cualquier otra ciudad, los días previos a los Reyes. Son las dos de la tarde. El relojito dice que he dado 11.619 pasos y que he recorrido, incluido el rato que he hecho deporte a primera hora, algo más de once kilómetros. Estos días nunca bajo de 15 o 16 kilómetros diarios. Y ha habido algunos de más de veinte. Ya no hago el deporte que hacía con 20 años. Ni corro lo que corría con 30. Pero creo que entonces tampoco andaba lo que ando ahora. Y eso que siempre he tenido fama de paseante. Tenía un amigo que vino a estudiar Fotografía a Valencia, Pradid (nació en la India y su nombre significa 'La primera luz del día'), que era de Vitoria y me llamaba el Caminante porque siempre estaba arriba y abajo y porque, entonces, flacucho y largo, me parecía, eso decía, a la escultura de tres metros y medio que se ha hecho famosa en la plaza del Arca de esa fantástica ciudad que es Vitoria.

Estamos en días de buenos propósitos, de esos retos que nos hemos marcado para 2018 y que, muy probablemente, no cumplamos. Yo propongo ser menos ambicioso sin tirar la toalla. Es mejor fijarse objetivos menores, más asequibles, pero que nos ayuden a estar mejor. Conozco gente que no camina ni 500 metros al día, que coge el coche para ir de cualquier barrio al centro, que vas al monte o la playa y solo se preocupan del picnic. No pido que se conviertan en un corredor de esos obsesivos que nos bombardean con la información de sus entrenamientos, como si nos importara a alguno, solo que anden un poquito cada día y algo más los fines de semana.

España es el segundo país más vago de Europa. En la liga de los sedentarios solo nos gana Rumanía. No es una anécdota. Es un problema grave. Cada día salen más estudios que tratan de alertar del peligro de esta tendencia hacia la reclusión en casa, repantingados en el sofá, comiendo porquerías. Con la vista clavada en la tele, la tableta o la consola.

Uno de cada cinco españoles es obeso. El porcentaje es terrible. Piénsenlo bien: uno de cada cinco. En la Comunitat Valenciana, el 19,8%. Otro dato, otro azote: el 57% de los niños serán obesos a los 35 años. Y otro más: un niño obeso tiene un 85% de posibilidades de serlo también de adulto, mientras que un chiquillo delgado solo tiene un 15% de posibilidades de serlo de mayor.

Tengo amigos, y sobre todo amigas, que no tienen zapatillas de deporte. Quedas un día en un chalet o a pasar un fin de semana en un pueblo del interior y aparecen con botas de vestir. Y sus hijas, con bailarinas. Es tremendo. Yo, que me lanzo de cabeza a todos los charcos, no me atrevo con éste. Me da palo. Pero no pisan un parque ni van jamás de excursión.

Leí unas declaraciones de Empar Lurbe, jefa del servicio de pediatría del Hospital General de Valencia, en 'La voz de Galicía' que me llamaron la atención: «Las expectativas de vida de los niños obesos se reducirán». Y que es necesario volver a comer en familia, conversar sosegadamente y mantener la lactancia materna. Lurbe añadía una petición, incorporar una asignatura a la educación: Hábitos de vida saludables. Me llama la atención que, en determinados barrios, cada vez es más sencillo comerse una hamburguesa y más complicado encontrar un bar a la vieja usanza donde tomarse un calamar, unas tellinas, unas habas o unos champiñones. Tapas saludables con las que disfrutar sin disparar el colesterol.

Los expertos ya se atreven a decir que el sedentarismo será el problema de salud más importante del siglo XXI y que la obesidad no tardará en superar al tabaquismo como el principal factor de riesgo de padecer un cáncer. Es la epidemia de nuestro tiempo. Lo triste, o lo esperanzador, según se mire, es que tiene una solución muy sencilla: levantarse y andar. Y al regresar a casa, no hincharse a grasas, bollería y azúcar, sino preocuparse en preparar algo rico pero saludable. Hay mil cosas que nos gustan y no nos hacen daño. Solo hace falta proponérselo. Y caminar por lugares agradables. Es mucho más fácil que ir cada día a levantar pesas sin ton ni son en un gimnasio.

Eso sí, no te vuelvas loco como yo, que ya tengo mala conciencia porque el relojito me avisa de que llevo un buen rato con el culo pegado al asiento, y que aprovecho cada semáforo para ver cuánto llevo andado. Todo es mucho más sencillo. Levántate, anda... y quiérete un poquito más.

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