LECCIONES DE LA HUELGA

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

La fracasada jornada de huelga general convocada en Cataluña por un sindicato minoritario (Intersindical CSC) y apoyada por los partidos y organizaciones independentistas, permite sin embargo extraer algunas conclusiones que pueden ser de interés: la primera no es privativa del conflicto catalán sino que afecta a todas las jornadas de paro y es la incapacidad de los convocantes -los de ésta y los de cualquier otra- de aceptar la libertad de elección de los trabajadores, que pueden decantarse por secundarla o por no hacerlo. Sin la coacción de los llamados inapropiadamente piquetes informativos, muchas huelgas estarían condenadas al fracaso. La segunda se circunscribe al ámbito territorial de Cataluña, pero como veremos también puede aplicarse a Valencia. Me refiero a que el único sector donde el paro ha tenido incidencia ha sido el de la educación, gracias, sobre todo, a la movilización de los estudiantes. Lo explicaba recientemente el rector de Lleida y presidente de los rectores españoles, Roberto Fernández, en una entrevista en El País: «En Cataluña hay 207.000 estudiantes y por la independencia se movilizan 3.000». El problema, añado yo, es que esos 3.000 son los únicos que se movilizan, mientras el resto optan por el pasotismo. Digo que el caso es extrapolable a Valencia porque sólo así se puede entender que en una comunidad no nacionalista, donde se vive sin ningún problema el hecho español, el nacionalismo catalanista tenga tanta presencia en las aulas, tanto en los colegios como en las universidades. Los que no lo son, los profesores y los alumnos que no comulgan con ese peculiar y sectario credo, sencillamente se borran de cualquier activismo político, van a lo suyo y dejan que los demás dominen los campus. Las urnas, las elecciones generales, autonómicas y locales, no muestran la radicalización y el fervor nacionalista que encuentra su hábitat natural en universidades y centros escolares, dando por descontado que entre la juventud siempre es más fácil que calen los discursos extremistas y rupturistas. En cualquier caso, no hay que perder de vista este proceso porque estamos hablando de la formación y aprendizaje de las nuevas generaciones, de nuestros hijos, en manos (a veces) de profesores politizados que no dudan en intentar lavar el cerebro de sus discípulos. Algunos casos de adoctrinamiento escolar registrados en Cataluña provocan una mezcla de sonrojo, estupor e indignación. Ojo pues a Valencia, al dominio del nacionalista Sindicat de Treballadors del Ensenyament del Pais Valencià (nacionalista) y a la barra libre de Escola Valenciana, no sea que cuando quieran darse cuenta estemos como en Cataluña. Allí empezaron hace más de treinta años y no hay que ver hasta dónde han llegado.

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