Lealtad en el 9 de Octubre

PEDRO ORTIZ

Los separatistas catalanes piden diálogo ahora, cuando el golpe se queda sin defensores. Un diálogo que nunca quisieron si no era bajo la amenaza de la independencia, cuando tachaban de nacionalista español (o facha) a quien no pensaba como ellos, porque creen los nacionalistas que todo ha de mirarse desde el prisma nacionalista. Silencian a la oposición, se saltan la legalidad, generan fractura social y ahora reclaman mediación apelando a la equidistancia, como si hubiera un término medio entre la ilegal declaración de independencia y la aplicación de la Constitución. Y exigen hablar sin banderas: sale a la calle la bandera española y ya les molestan todas las banderas.

Mientras, sus corifeos que tanto callaron se rasgan las vestiduras y reculan. Desde las grandes empresas a los medios de comunicación catalanes dicen que se sienten engañados; empresarios y prensa que creyeron que las llamadas a la independencia servirían para conseguir al menos una mejor financiación, se encuentran ahora en fuga e intentando detener al caballo desbocado.

Durante décadas el catalanismo primerio nacionalista y luego separatista («ahora paciencia, después independencia», proclamaba Pujol) se ha encontrado con gobiernos españoles consentidores hacia los desleales. Cuarenta años de diálogo, de negociación, de cesiones, de alimentar a la bestia y permitir el adoctrinamiento en las escuelas y en la TV3. Lo increíble es que no haya más independentistas. Declare hoy Puigdemont la DUI o no la declare, sea esta dura, blanda o mediopensionista, la solución es difícil y lenta porque debe mirar también a largo plazo, empezando por la educación y los medios de comunicación públicos catalanes, tan influidos por el separatismo y sin contrapesos.

Pero a corto plazo, claro que habrá negociación, que nadie lo dude. Y de esa componenda, Cataluña sacará mayor tajada en la financiación o en el trato del Gobierno. TV3 seguirá siendo la tele del independentismo, los niños continuarán en aulas de doctrina y en pocos años se volverá a una situación de tensión similar o peor. Este será, probablemente, el remiendo del 'problema' catalán: un lampedusiano que nada cambie.

Ayer fue el 9 de Octubre, la fiesta de la Comunidad Valenciana. Los partidos aprovecharon el día para reclamar una mejor financiación y Puig pidió lealtad institucional y respeto al marco constitucional, extremo que le honra. Al hacerlo debe de estar pensando en algunos de sus consellers, quienes, lamentablemente, se pusieron claramente a favor de los sublevados catalanes, aunque el viaje haya tenido sus idas y sus vueltas. Si Cataluña consigue mejorar sus cuentas tras la algarada, está indicando a los otros, a los nuestros, cuál es el camino, y el próximo 9 de Octubre puede ser mucho más tenso. Ojalá se impongan Puig, la lealtad y la Constitución.

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