L'Alqueria

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Nos enganchamos a determinadas series porque nutrieron nuestro cerebro mediante propuestas arriesgadas y faltonas. Si la gran pantalla permanece esclavizada bajo la férula de los superhéroes de flexibilidad tipo Circo del Sol, la pequeña se convirtió en un refugio para los descarriados de sofá que gozamos con un divertimento de mayor fuste.

Hemos saciado nuestros apetitos municionándonos con la tralla que va desde 'The shield' hasta 'Billions' pasando por 'Breaking bad', pero este periódico recordó el último domingo el aniversario, diez años ya, de 'L'Alqueria Blanca'. Por primera vez, una serie made in Valencia arrasó entre el personal con su perfume entre nostálgico y costumbrista. L'Alqueria dinamizó nuestro raquítico sector audiovisual y curtió guionistas, actores y técnicos. Se demostró que, por fin, era posible elaborar un producto valenciano de calidad que, además, triunfase en los índices de audiencia y esto sembró esperanzas en la industria del entretenimiento. Sólo por el lado de emblema y símbolo que segrega L'Alqueria, el nuevo Canal Nou (creeré que reabren cuando lo vea) debería de contar con esta serie porque se aceptaría que el cierre supuso un triste paréntesis y ahora regresan con la bandera catódica que hundió sus raíces en nuestra idiosincrasia. Si tras la ideología o el revanchismo renunciaran a un santo y seña tan importante me parecería un error garrafal. El ocio televisivo debería de huir de las trifulcas políticas y las demostraciones arrogantes. Los cientos de miles de espectadores de L'Alqueria supongo que votan a cualquiera según su conciencia. No sería mala idea que Canal Nou reiniciase su andadura, aunque sólo fuese por simple astucia comercial, con L'Alqueria. Ahora bien, ¿serán capaces de olvidar los actuales gerifaltes sus prejuicios? Sería buena señal...

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