12 KILOS

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Una importante parte del personal necesita saborear historias de folletín porque sólo con el formato de telenovela galvanizan sus sentimientos. El cantarín Bustamante quebró su destino de andamio para convertirse en artista exitosos de melodías ligeras y eso hechizó a esa parte de la masa que consume mansa productos intrascendentes. Encima matrimonió con una actriz de belleza serena y modales apaciguados. La leche. La releche. Los finales felices son posibles, amigo. Sin embargo la vida es cruel y aquella pareja risueña, con el transcurrir de los años, perdió la chispa, ese no sé qué, y se separó hace poco ante la desolación de sus fans. Mantienen un tono educado que se agradece y no hemos asistido a las andanadas de trapos sucios que vuelan descontrolados cuando el odio florece. Pero un detalle, leído en las páginas finales de este mismo periódico, me ha pasmado. Bustamante, presunto corazón roto, ha engordado 12 kilos desde la separación. Este aumento me sume en la perplejidad porque los cánones de las rupturas amorosas suelen apuntar hacia la falta de hambre y la pérdida de kilos. Te separas, sufres, no comes, bebes mucho gintonic, lloras sobre las barras, sigues sin hambre, vuelves a pimplar copas, te quejas, luces jeta resacosa, ni siquiera te tragas una empanadilla, lloriqueas otra vez y tus amigos comentan apesadumbrados lo nefasto de tu delgadez. Pero Bustamante, contraviniendo las normas stendhalianas, a la inversa de una madame Bovary, se nos pone hermoso, turgente, mítico. Como dice la madre de un amigo mío, «se nos ha enceporrao». Intuyo que, en vez de lanzarse a la mala vida como aquel guionista borrachín interpretado por Bogart en la magnífica 'En un lugar solitario', anda zampando esponjosa bollería para amortiguar su ansiedad. Los caminos del desamor son inescrutables. 12 kilos.

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