Justicia

Beatriz De Zúñiga
BEATRIZ DE ZÚÑIGA

No. No todas las opiniones son respetables. Ni mucho menos. No confundamos la libertad de expresión o la opinión formada con el libertinaje perverso. A lo largo de los últimos días, y sobre todo después del macabro suceso acontecido en Almería, todos hemos podido leer y escuchar espeluznantes afirmaciones sobre un tema tan arduo y serio como es la prisión permanente revisable. Infames declaraciones (en uno y otro sentido) basadas, únicamente, en la mezcla de desinformación y osadía de sus emisores. Que ni saben, ni tienen la más mínima intención de enterarse, antes de postularse lícitamente a favor o en contra, en qué casos se aplica, qué fin persigue y qué significa exactamente eso de revisable.

En este caldeado contexto, basta con leer los inmundos comentarios vertidos en las noticias de los diarios digitales o echar un rápido vistazo por las redes sociales para darse cuenta de que, algunas gentes, lejos de querer la aplicación de las leyes, en realidad, claman pura venganza. La lapidación retransmitida en todos los canales, la quema en la plaza o el garrote vil. En definitiva, la tortura y subsiguiente pena de muerte. Pudimos ver (en pleno horario infantil) tras la detención de semejante individua, a una manada tratando de agredirla y bajo el grito de «justicia» pidiendo, fuera de la Comandancia de la Guardia Civil, que la dejaran en manos de la jauría.

Empieza a ser bastante preocupante -pese a que comparto su frustración- el odio visceral y la amarga bilis que algunos personajes portan dentro y son capaces de arrojar públicamente sin pudor alguno. Aunque más alarmante todavía es que encuentren entre la muchedumbre numerosos adeptos. Comienzo a preguntarme desde cuándo, en pleno siglo XXI, hemos vuelto a tolerar tales conductas de la ley del Talión y no sólo no condenamos la violencia, sino que, además, empatizamos. Sobra decirlo, que se haga justicia. Justicia sin paliativos. Pero siempre en sede judicial.

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