La jungla

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Entre los nefastos planes educativos que fertilizan pertinaces la burrera de nuestra mocedad y las declaraciones de buena parte de nuestros líderes políticos, no quiero imaginar el despiste de la gente joven ante las tormentas que nos sacuden. La confusión sólo conduce al pasotismo y si seguimos así cada cual se encerrará en su propia burbuja. De hecho ya practicamos una suerte de egoísmo selectivo: nos refugiamos junto a las amistades y la familia para disfrutar de la paella dominical y al resto que le den. Escuchas a Pedro Sánchez y al instante los ojos te bailan relocos como en aquel singular ejercicio efectuado por Marujita Díaz. Lo de la plurinacionalidad sigue siendo un fistro confuso que ni siquiera el propio Pedro resuelve de una manera clara. Achuchado por las preguntas, se ha descolgado con el terciopelo hacia el País Vasco, Galicia y Cataluña. Esos territorios sí segregan el bravo perfume de la nación, los otros, pues ya se verá. Este hombre no se ha incrustado a pecho descubierto en un jardín laberíntico, sino en una frondosa jungla de la que no se escapa ni siquiera con la motosierra del legendario Caracuero, el de 'La matanza de Texas' (esto es un homenaje a Tobe Hooper, que nos dejó este verano). La susceptibilidad en materia de patria chica recorre el espinazo de innumerables compatriotas que, de repente, y desenfundado datos históricos, consideran que ellos son tan nación como el que más. El lío está servido. Para presumir de antifranquismo, naturalmente cuando Franco ya había muerto, desde hace décadas, un sector de la sociedad prefirió usar lo de «estado español» en vez de «España». Acaso ahí fermentó el gazpacho que desde entonces no hizo sino aumentar hasta alcanzar las actuales cotas de esperpento. Sólo por cursi, se debería de haber prohibido lo de «estado español».

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