LOS JUGADORES PASAN

JOSÉ MARTÍ

Alegría deja el Levante. Con pena y de manera dolorosa tras romperse la rodilla. No ha podido demostrar su presumible calidad en un sistema que perjudica su estilo de juego. El joven delantero se pierde el resto de la temporada y regresa al Betis sin haber marcado un gol. Su caso nos recuerda la fugacidad del paso de los futbolistas. De vez en cuando nos preguntamos qué fue de este o de aquél, a qué se dedicará, si ya habrá colgado las botas, llevará una vida normal de exfutbolista o, por el contrario, no se habrá arruinado... Son cientos los jugadores que han pasado por el Levante sin pena ni gloria. Como ahora Álex Alegría, a quien la grada de Orriols no echará de menos. Puede que sí le añore un vecino de asiento que, cada vez que tocaba el balón, le animaba con un «vamos, con alegría y buen humor». Es el mismo gracioso que, por citar otro ejemplo, siempre llamaba Aguafría al italiano Acquafresca. En realidad solo se recuerda a quien deja huella por su personalidad o por haber participado en alguna gesta. Su nombre entonces queda grabado en la historia del club. Sucede como cuando nos damos una vuelta por un cementerio y nos invade a todos la firme convicción de que casi nadie se acordará de ti cuando estés muerto y pasen algunos años. Pero no hay que afligirse. La vida es así. Apenas nadie nos preocupamos por saber quién fue nuestro tatarabuelo, y gracias a él estamos hoy aquí. Y de eso solo hace poco más de medio siglo. Ni siquiera Emilio Nadal, Felip Bens o García Nieves con su saber enciclopédico, podrán retener los nombres de tantos jugadores como han transitado por el club. No exagero. Solo en la temporada 97-98, en Segunda, pasaron por Orriols 34 jugadores y cinco entrenadores. Descendimos, claro. En más de una ocasión me han presentado a alguien bajo la vitola de haber jugado en el Levante. Le miro y remiro y no logro recordarlo. «Jugué poco y por aquél entonces tenía pelo», me aclara el susodicho a modo de disculpa por mi desconcierto. «Y menos barriga, espero», añado para romper el hielo antes de atar cabos. Los jugadores no son el Levante. Ellos pasan, pero el escudo y la afición permanecen. Es como en la vida. Un día conocemos a personas con las que mantenemos cierto trato durante algún tiempo, en ocasiones años, pero al cabo la vida pasa página, como si solo fuésemos anuncios, y nos manda en direcciones contrarias sin volver a cruzarnos. La misión de la plantilla actual, mientras defienden nuestros colores, es dejarse la piel con profesionalidad para colocar esta entidad centenaria lo más alto posible. Este grupo de futbolistas tiene la fortuna de representar a la gran familia granota. Quien baje los brazos, le tiemblen las piernas o no se sienta capacitado para lograr los objetivos, debería echarse a un lado. Sí.

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