Juegos florales

Deberían ser declarados BIC en el marco del Teatro Principal y quedar ligados a su escenario para siempre

F. P. PUCHE

El 10 de mayo, el poeta mallorquín Pau Vadell, recibió el ahora único premio 'dels Jocs Florals de Barcelona i Catalunya' en un acto celebrado en el magnífico Saló de Cent del Ayuntamiento, entidad que sigue patrocinando una ceremonia, muy transformada desde 2008, que sin embargo se reclama heredera de los Juegos Florales convocados por primera vez en 1859. Son otros tiempos y el poeta galardonado con un ramo de orquídeas acudió vistiendo un pantalón fucsia y una chaqueta celeste. En la foto oficial hecha tras la ceremonia, solo Jaume Collboni, el teniente de alcalde que se ocupa de Empresa, Cultura e Innovación (al mismo tiempo) tuvo el detalle de ponerse una corbata.

¿Qué quiero decir con todo eso? Pues que, pasado siglo y medio, los Juegos Florales de Valencia, creados en 1879 por Teodoro Llorente y sus compañeros de Lo Rat Penat, son los más antiguos que siguen manteniendo, además de un infatigable amor a la poesía, el ritual fundacional: los tres lemas de Patria, Amor y Fe, la presencia de una Regina, el papel del mantenedor... y todo un ceremonial clásico que, pudiendo parecer anticuado a ojos de algunos, resulta ser ya una pieza cultural de un valor incalculable. Tan desconectado de nuestra vida rutinaria, tan anacrónico si se me perdona la expresión, que sería preciso fijarlo en el espacio y en el tiempo, habría que definirlo... y protegerlo.

Sí. Si los valencianos no fuéramos tan 'meninfots' como somos, si no fuéramos un pueblo que no sabe percatarse de lo que tiene, los Juegos Florales de Lo Rat Penat -su esencia fundacional, su esquema, su liturgia, sus maneras y su atmósfera, barroca y culta- deberían ser declaradas BIC porque son una fiesta poética, procedente de otro espacio-tiempo que una institución ha sabido mantener viva, durante décadas, con el mismo aire de milagro patrimonial y cultural con que han sobrevivido 'els Altars de Sant Vicent' o la 'Cavalgata del Convit'. Con la particularidad de que están ligados, al menos en ochenta de sus ediciones, a un teatro, el Principal, que es un servicio público cultural que tiene como mandato plegarse a este tipo de celebraciones, ligadas a sus butacas de terciopelo igual que la Catedral está unida al 'Cant de la Sibil.la' y la Mare de Deu de la Salut de Algemesi a 'La Muixaraga'.

En Catarroja, el pueblo de la diputada Rosa Pérez, no parece haber habido problema a la hora de ceder el Teatre Auditori, el 10 y 17 de noviembre, para la proclamación y exaltación de las falleras mayores de la localidad. Es lo obvio, es lo natural. Forma parte de nuestras costumbres y está íntimamente arraigado a nuestros modos de hacer fiesta y cultura. Ese debería ser el cimiento que enorgulleciera y emparejara para siempre al teatro Principal con «sus» Juegos Florales.

Y si no se puede, ahí está el Ayuntamiento, que ha ofrecido enseguida la Lonja y el Palau, y la Generalitat, que brinda gratuitamente el Reina Sofía... ¿Ah, que no?

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