Juego de niños

Más dura será la caída

Más allá de la geopolítica y de las grandes fuerzas de la historia, la salud mental de los dirigentes es un factor en ocasiones de máxima importancia

VICENTE GARRIDO

«Fuego y furia» ha prometido Donald Trump al déspota de Corea del Norte, si este sigue con sus devaneos nucleares, a lo que se sigue por parte del reyezuelo coreano la amenaza de atacar la base norteamericana de la isla de Guam con cuatro misiles que sobrevolarán Japón. Es una manera de animar el verano, gracias. A estos dos personajes hemos de sumarles el inefable Maduro, adalid de la izquierda radical e independentistas, a quien además de su condición de bufón hay que añadirle el mérito de aniquilar a su propio pueblo. Niños grandes jugando al Risk.

Lo de Kim Jong-un no tiene mayor misterio: es una anacronía espectacular, como si Nerón hubiera leído a George Orwell y a Mao Zedong. Un pueblo convertido en mutantes, como los alienígenas crecidos en las vainas de 'La invasión de los ultracuerpos'. Lo de Trump es otro cantar; me pregunto qué puede salir de que la principal democracia del mundo esté en manos de una persona con profundas discapacidades cognitivas y de personalidad. Trump no escucha, interpreta erróneamente muchos argumentos, desconoce casi todo lo que no sea objeto de su interés (y ese ámbito está muy limitado), desprecia el funcionamiento de las instituciones y es incapaz de poner orden entre sus propios colaboradores, por no hablar de que se inventa las cosas cuando la realidad se empeña en llevarle la contraria. Su narcisismo le exige estar por encima de todo, y se enfada cuando los jueces o los congresistas se desmarcan de su última ocurrencia o iniciativa. Logros que han exigido años de colaboración internacional se ponen en serio peligro, y la imagen de un país líder del mundo palidece progresivamente a base de tweets.

Lo único que puede salvar a Estados Unidos de su propio presidente es el mecanismo corrector de su sistema inmunitario. Lo único que puede salvar a Venezuela es una asfixiante presión internacional que provoque un cambio interno de expulsión y vuelta a la democracia. A Corea del Norte, por desgracia, nadie la puede salvar. Mientras este remedo de villano de tebeo tenga armas nucleares, estará a salvo, así que puede seguir siendo parte del zoo de la humanidad durante siglos si los sucesores tienen las mismas taras mentales.

En resumen, más allá de la geopolítica y de las grandes fuerzas de la historia, la salud mental de los dirigentes es un factor en ocasiones de máxima importancia. Pero por encima de esto sorprende cómo tantos millones de personas parecen compartir todos los despropósitos de sus líderes. ¿Cómo es posible que los propios seguidores de Maduro no vean que tarde o temprano semejante histrión les va a llevar a la miseria más absoluta? ¿Cómo los republicanos no comprenden que Trump es una bomba de relojería? Lo saben, ven que el emperador está desnudo, pero se dejan llevar, mientras aquellos siguen con sus juegos de niños.

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