¿DÓNDE ESTABAN LOS JUECES?

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Ahora, cuando probablemente ya es tarde, nos lamentamos de que en Cataluña se haya llegado a donde se ha llegado, del abierto desafío a la Constitución y el Estado de derecho y del boicot y hasta la persecución de todo lo español, empezando por la lengua castellana, idioma que nos une a todos los españoles. Pero este extremo de radicalización suicida, revolucionaria y rupturista no se ha alcanzado así como así, no es fruto de un calentón, no se explica sólo por el recurso contra la reforma del Estatut y la posterior sentencia del Tribunal Constitucional, aunque al nacionalismo catalán le interese vender ese relato, que le compra la izquierda, con tal de culpar al PP de ser el causante del desapego de Cataluña (de una parte de Cataluña) hacia España. No es cierto, no es así. En todo caso, lo uno (el recurso) y lo otro (la sentencia) no fueron más que la guinda para adornar un pastel que venía cocinándose desde décadas atrás, desde que la Convergència de Jordi Pujol se hizo con la Generalitat y comenzó a implantar un programa de auténtico cambio social como no se ha vivido otro en España, con una inmersión lingüística en colegios, universidades, Administración y hasta en el ámbito privado (comercios, medios de comunicación...) y con la inestimable ayuda de un aparato de agitación política y propaganda -la TV3- al que nunca le faltaron sustanciosos fondos públicos (procedentes en último caso del Estado español). Después de más de 30 años de catalanismo a la fuerza y en muchas ocasiones de antiespañolismo, el resultado salta a la vista, las generaciones jóvenes se han desconectado de España, no tienen miedo a la independencia, al choque de trenes, no pretenden llegar a ningún acuerdo, no aspiran a negociar sino a marcharse y a constituir la república catalana. Todo eso, como digo, no se le ha ocurrido a un iluminado en los últimos días, es un proceso que lleva incubándose desde los ochenta. Y aquí, en Valencia, hay dirigentes políticos que con la excusa de proteger «la nostra llengua» sueñan con copiar el modelo catalán para ir construyendo poco a poco, sin prisa pero sin pausa, un proyecto 'nacional', independiente de España. Afortunadamente, aquí todavía hay jueces que no están dispuestos a consentírselo porque no van a aceptar que se salten la ley impunemente, que burlen la Carta Magna, que limiten derechos constitucionales (igualdad). Y también ha habido una sociedad civil que se ha plantado ante los excesos de un conseller nacionalista/independentista/catalanista. Lo que me pregunto, con tristeza, es por qué en Cataluña no ocurrió algo similar, dónde estaban los jueces valientes, cómo es que se escondió el Estado, el Gobierno central. Si entonces hubieran parado a los nacionalistas, hoy no estaríamos como estamos.

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