Tres hermanos, Juan, José y Vicente, heredando el espíritu de trabajo paterno, junto a su imaginación, sentido artístico y visión comercial, hicieron el resto. Juan destacó por su pasión por la valencianidad, desarrollando un activo valencianismo hasta su fallecimiento el pasado 15 de diciembre.

Quizás por ello brilló por su ausencia cualquier representación institucional el sábado siguiente, día del sepelio, y mucho más, el domingo, en la misa funeral en su memoria. Tampoco hacía falta dicha representación, toda vez que el señor Lladró despreciaba al tripartito por su apoyo al golpismo catalán y por sus declaraciones a favor de la creación de los Países Catalanes, lo que nunca ocultó ni privada ni públicamente, dando un ejemplo poco imitado por la clase empresarial y social en la que estaba inmerso. Mi relación con él me permite afirmarlo.

Se han dicho, tras su fallecimiento, muchísimas cosas sobre Juan Lladró, hemos leído algunas, títulos honoríficos, situación económica, actividad financiera, su patrimonio artístico, familia, etc. No hemos leído nada sobre la Presidencia del Patronato de la Real Academia de Cultura Valenciana, que ejerció desde su constitución junto a otros próceres valencianos, Sebastián Carpi, Marcelino Alamar, Joaquín Viñals, Primo Yúfera y Xavier Casp, entre otros, y de lo que doy fe al organizarlo y ponerlo en funciones como primer Secretario del mismo.

El Patronato fue decisivo en aquellos momentos, junto a la Asociación Cultural 'Amics de la Real Academia de Cultura Valenciana' para el despegue de la Real Institución, toda vez que las fuerzas políticas dominantes en aquel momento, del mismo perfil que las actuales, comenzaban a poner las bases para la integración subrepticia en otro pueblo y otra cultura.

La respuesta de la sociedad civil valenciana, de nivel adecuado para la entidad creada, tanto desde el ámbito empresarial como financiero, fue discreta pero efectiva y permitió a la Real Academia poner en marcha proyectos de investigación y publicaciones necesarias, especialmente sobre la lengua de nuestro pueblo, la lengua valenciana.

Ya como Decano no fue tan productiva su gestión, los tiempos andaban revueltos, las aguas bajaban turbias y los personajes responsables eran de perfil inferior, iniciándose un decaimiento progresivo que todavía no ha terminado, incluso profundizando últimamente. Algunos torpes personajes que le acompañaron proyectaron profundas sombras que empañaron su labor.

No obstante, Juan Lladró es, o debe ser, un ejemplo para la clase social a la que se encumbro por méritos propios y que le consideraron y respetaron por ser, además un hombre bueno. Clase social que, a pesar de sus golpes de pecho y proclamada valencianidad y valencianismo no se integra plenamente en el movimiento ciudadano que trata de impedir la anulación de su ancestral, singular y actual todavía lengua valenciana, la tergiversación de su Historia a través de los medios de enseñanza y la apropiación de su Cultura con total desfachatez y desvergüenza.

Con su recuerdo y con su ejemplo la mayor parte del pueblo valenciano, que resistimos, seguiremos luchando por los mismos fines y objetivos por los que luchó Lladró, que son los propios de la Real Academia de Cultura Valenciana, de los que no se apartó ni un milímetro hasta el final.

Descanse en paz, don Juan, un hombre bueno, un buen hombre y un gran valenciano.

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