Jornada continua: otras tres promesas rotas

PABLO ROVIRA

La jornada continua no iba a costar nada a las familias. Tampoco iba a costar nada a la Administración autonómica. Y mucho menos iba a suponer un agravio comparativo a las familias según el tipo de jornada que eligieran. Tres promesas más rotas. La aplicación de la jornada continua, ya se advirtió, siempre gesta un calendario de incumplimientos. Esta semana la Conselleria ha publicado nuevas instrucciones para los centros.

Lo dicho: la gran promesa cuando se implantó la jornada continua en la Comunitat es que no iba a costar ni un duro a las familias, a los centros y a la Administración. La idea era tirar de voluntarismo -que no de voluntariado- de maestros, asociaciones de padres y entidades municipales. Pronto se vio la limitación de esta idea: es harto complicado que las actividades extraescolares gratuitas alcances la calidad deseada. Por el contrario, la exigencia de gratuidad suponía una limitación para las familias que sí están acostumbradas a pagar por estas actividades. De esta forma, la norma impedía una de las grandes ventajas (percibida así al menos) de la jornada continua: poder adelantar los horarios vespertinos ¿De qué sirve para la organización familiar que las clases sean sólo por la mañana si hay que esperar igualmente hasta las cinco para llevar al niño a sus extraescolares? Es esa la presión que ha abierto la espita del pago en esta modalidad de horario escolar.

Esta decisión provocaba una consecuencia, a juicio político, indeseada: que haya niños que no pueden pagar estas extraescolares y, por tanto, la jornada continua provoque 'segregación'. Para evitar esta situación, la Conselleria decide que para los becados de comedor estas actividades sean gratuitas y sea el centro el que las pague de sus recursos. Para otros casos o para centros que no tengan recursos, la Administración provisiona ocho millones de euros en los presupuestos. El zarpazo dado a las cuentas de los centros es grande. Potencialmente, si hay 116.000 becados de comedor y a todos se les pagasen dos extraescolares a 18 euros mensuales cada uno, el zarpazo se acercaría a los 30 millones de euros. No será así, pues de inicio esta gratuidad sólo se dará en los centros públicos aunque becados de comedor también hay en la concertada, pero demuestra que la jornada continua sí tiene coste de dinero público aunque llegue de tapadillo.

Por eso habrá que estar atentos al tercero de los incumplimientos, aquella promesa que garantizaba que no habría distinción para el alumno según la modalidad horaria de su centro. Por de pronto, y a la espera de las próximas instrucciones de inicio de curso, estas extraescolares están limitadas a 18 euros al mes en la jornada continua y sin límite en la jornada partida.

La Conselleria, en la Orden 2/2018 introdujo una disposición adicional en la que obliga a todos los centros a ofertar actividades extraescolares. De este modo la Administración evita el agravio de que las extraescolares sólo se subvencionaran a las familias que asumieran la jornada continua. Ahora habrá que ver cómo extiende esto de las ayudas a actividades y el precio máximo al resto de centros. Sobre todo, porque la jornada continua es cosa de centros públicos, pero extender estas obligaciones a la jornada partida impactará de lleno en la escuela concertada. Y en la jornada partida, se realizan más extraescolares en horario de comedor que a partir de las cinco.

Los cambios son parches, modificaciones sobre la marcha que se sucederán en la medida en que la génesis de la jornada continua fue errónea y su optimismo inicial carente de realismo. Sin embargo, será difícil que a través del parcheo se llegue al diseño políticamente declarado que no es otro que el uso de los espacios educativos no formales como complemento de la enseñanza reglada, de una manera equitativa y pública. Lo más parecido a lo que dicen querer los responsables de la Conselleria es el proyecto Educació360 Educació a temps complet que se está poniendo en marcha en Cataluña y que pretende involucrar a centres educativos, entidades sociales y ayuntamientos para «conectar la Educación y los aprendizajes entre el tiempo lectivo y el no lectivo" de una manera equitativa y "sin exclusiones».

Pero aquí, en el debate sobre la jornada, comenzamos la casa por el tejado laboral. Y las consecuencias son parches normativos, costes presupuestarios y que cada familia se apañe sin mirar atrás.

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