JOAN SASTRE ES NUESTRO BUSQUETS

No hay muchos jugadores defensivos tan brillantes como él en el baloncesto FIBA y encima es discreto y generoso

Fernando Miñana
FERNANDO MIÑANA

En la semana de Erick Green, de su espectacular alumbramiento en la Liga ACB, del flechazo con la afición del Valencia Basket, de su exuberante clase ofensiva y sus abundantes canastas, a mí el cuerpo me pide escribir de Joan Sastre, un jugador sin tanto neón pero que me parece fabuloso.

A Sastre lo veo como a un ermitaño flaco y barbudo. Me lo imagino en mitad del monte con una pajita en la boca, masticando nueces y haciendo un cuenco con las manos para beber agua de un río. Un aventurero capaz de sobrevivir en un entorno salvaje con una navaja y una cantimplora. Y así vive en la cancha, en realidad, sin un tiro demoledor y sin músculo -en su etapa en Sevilla le tuvieron que poner un dietista-nutricionista para que ganara peso de manera saludable-. Pero es paciente y astuto, y tiene un primer paso muy rentable.

Sastre me entusiasma y le otorgo un papel capital en el Valencia Basket. Es bueno en ataque, pero es extraordinario en defensa. Y, además, suma una serie de intangibles que a mí me encantan y que conectan con los otros españoles del grupo. Porque Sastre, como San Emeterio, Vives o Rafa Martínez, es gente discreta. Les encuentro muchos paralelismos con los canteranos del Barça de fútbol que deslumbró al mundo. Tipos con mucho talento, pero que no necesitan ser estrellas, o súper estrellas, para ser felices. Ni necesitan cortes de pelo estrambóticos. Ni vistosos tatuajes. Ellos disfrutan, y es su razón existencial, de hacer muy bien su papel y no intentar ser lo que no son.

A Busquets no le importa irse cada partido al vestuario sin que nadie repare en él porque la cámara sigue y persigue a Leo Messi o a Luis Suárez. Él ha llenado de minas el centro del campo, ha guiado a los rivales hasta ellas y se ha marchado a la ducha tan contento. Otro día en la oficina.

Yo creo que, saltando del fútbol al baloncesto, de Barcelona a Valencia, Joan Sastre es nuestro Busquets. No hay muchos jugadores en Europa con su capacidad destructiva. Ya sea marcando al hombre o cubriendo los espacios con una envergadura que sospecho superior a sus 2,02 de estatura. El mallorquín, formado en Inca, un chaval que debutó en la LEB Oro con 16 años y tres meses, y en la ACB con 18, lee las líneas de pase como nadie, tiene intuición, se anticipa... Y, algo vital, no tiene reparos en pegarse a la estrella del equipo rival hasta desquiciarle. Que cada partido te toque emparejarte con el contrincante que más miedo da, no es baladí. Y él suele salir airoso, algo que, me parece, tiene muchísimo mérito, mucho valor.

Su cuenta de Twitter es un poco su reflejo. No opina y presume lo justo. Sus dos últimos tuits son un lujo. En el último sale, con el equipo, tras ganar la Supercopa. En el penúltimo, otra vez con el grupo, nunca en individual, aparece con la medalla de bronce lograda con la selección en el Eurobasket. Los anteriores, salvo alguna excepción, son mensajes de ánimo para los compañeros que se han lesionado. Un psicólogo sacaría rápidas conclusiones de su perfil.

El paso por la selección le ha venido bien. Allí se ha visto reconocido por estrellas como los Gasol y eso ha alimentado su autoestima, algo que, creo, se ha traducido en una mayor confianza ofensiva en estos cuatro primeros partidos del curso. El club tiene un diamante asegurado hasta 2021. Si alguien quiere adelantar su salida que pase por caja y que se prepare porque la cláusula de rescisión, dicen, no es ninguna broma.

Chechu Mulero lo ha provocado porque sabe que no tardará en ver a los buitres revolotear por encima de Sastre. El director deportivo ha construido otro plantillón. Un equipo rico y compensado. Txus Vidorreta aún se tiene que afianzar. Necesita tiempo para imponer su estilo.

Lo más urgente, me temo, es dejarle claro al equipo que está adquiriendo un hábito espantoso. Los jugadores han descubierto que recuperando durante cinco minutos la defensa que les distinguió y les hizo campeones la pasada temporada, les es más que suficiente para derribar a rivales como el Obradoiro o el Betis. Eso es peligroso. Vidorreta tiene que ser más exigente.

El vasco, del centro-centro de Bilbao, es un buen entrenador, pero no tiene el aura de Pedro Martínez, ni sus ideales, ni su inteligencia para conectar con los jugadores, así que tendrá que sacar otros recursos para exprimir a una plantilla excelente. Con Sastre, un Busquets.

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