De izquierdas... ¿y nacionalista?

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

La triste actuación de Àngels Martínez, la diputada de Catalunya Sí que es Pot (la marca blanca podemista) que el pasado miércoles retiró las banderas de España que los parlamentarios del PP habían dejado en sus escaños es el ejemplo más claro del complejo que la izquierda española sufre con los nacionalismos periféricos y, consiguientemente, con el español. Antes catalanista que de izquierdas, Martínez no dudó en levantarse de su asiento para quitar una enseña que al parecer le incomoda. Tampoco hay que extrañarse demasiado, al fin y al cabo son muchos en su partido los que salen a la calle en manifestaciones o acuden a los mítines con una bandera de España inconstitucional, la de la II república. César Antonio Molina, exministro de Cultura con Rodríguez Zapatero, alertaba ayer en un brillante artículo en El Mundo contra el peligro del nacionalismo que «ha envenenado y enfermado gravemente a nuestra sociedad y ha tomado como incauto rehén a parte de una izquierda que siempre tuvo como emblema la tolerancia». Y en esas estamos. La formación de Iglesias juega la conocida táctica de intentar quedar bien con todos no apoyando expresamente a los independentistas pero sin rechazar el referéndum ni mucho menos ponerse al lado de los constitucionalistas. Sánchez y el PSOE cierran filas con el Gobierno pero, a la vez, mantienen abierta la vía del reconocimiento de «las naciones» que integran España, en un claro intento de desmarcarse del PP y de no parecer un partido españolista. Lagarto, lagarto. La complicidad de la izquierda democrática con el nacionalismo para arrinconar a la derecha no quita para que el PP también le haya puesto la alfombra roja a catalanes y vascos cuando ha gobernado y ha necesitado de sus votos para mantenerse en el poder. No hay más que recordar al Aznar que aceptaba todo lo que le pidiera Pujol (incluyendo la creación de una Acadèmia Valenciana de la Llengua, que no una Acadèmia de la Llengua Valenciana) o ahora mismo al Rajoy que con tal de sacar adelante los Presupuestos del Estado cede a las presiones del PNV con el famoso cupo vasco. Pero puestos a hacer examen de conciencia para saber cómo hemos llegado hasta aquí, a que el parlamento de una comunidad autónoma se declare en rebeldía y desobedezca las leyes y a las instituciones del Estado, no estaría de más que esa izquierda que se presenta como moralmente superior frente a la derecha capitalista, burguesa y explotadora reconociera el triste papel que ha jugado al excitar las pulsiones nacionales y regionales, no sólo en Cataluña sino también en Andalucía, en Valencia y donde ha hecho falta y ha sido conveniente para sus intereses de partido. Cuando ya lo admite hasta un exministro socialista por algo será.

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