El IVO como síntoma

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Hay algo a mitad de camino entre lo sorprendente y lo irritante en las declaraciones de la consellera Carmen Montón a propósito del litigio con el Instituto Valenciano de Oncología (IVO) por la renovación de su contrato: la sanidad pública valenciana, vino a decir la política socialista, está preparada para asumir los enfermos que actualmente atiende esta prestigiosa entidad, si bien no concretó si hace falta un refuerzo de personal y de medios técnicos. Digo que es sorprendente a la par que irritante por esa tendencia tan propia de los partidos de izquierdas de hacer ver no sólo que el sector público funciona mejor (un axioma que se retroalimenta con su pretendida superioridad moral sobre las formaciones de derechas) sino que es más justo, más lógico y más equitativo que se encargue de todo, de la educación y de la sanidad, aunque está demostrado que la enseñanza concertada ahorra dinero a la Administración y aunque la reversión de los hospitales de la red pública gestionados por sociedades particulares no haya podido basarse seriamente en criterios económicos sino únicamente en prejuicios políticos. Porque en el caso que nos ocupa, el del IVO, ¿quiere decir la consellera que la sanidad pública puede asumir sin ningún tipo de problema -sin que suponga una carga de trabajo extra que trastoque organigramas, plantillas, horarios, libranzas y vacaciones- el tratamiento de los miles de enfermos que actualmente acuden al IVO? ¿Significa esto que la sanidad pública está en estos momentos sobredimensionada, que hay profesionales con una carga de trabajo tan escasa o ligera que sin refuerzos, sin disparar el gasto de los hospitales, pueden hacerse cargo de todo? ¿O es simplemente una forma de presionar al IVO con una chulería impropia de quien gestiona una materia tan sensible como es la salud de los valencianos y en un caso tan delicado como el de los enfermos de cáncer? Cualquiera que sea la respuesta una cosa es segura y es que Carmen Montón la ha vuelto a liar. Y todo por su apriorismo ideológico, por anteponer unos argumentos políticos a los criterios técnicos, por ser la consellera socialista de Sanidad en lugar de, simplemente, la consellera de Sanidad de todos los valencianos, los de izquierdas y también los de derechas, los que la votaron y los que no. Y, sobre todo, por no ver que en esta ocasión no se trata de empresas, concesiones y números sino de personas, de miles de tragedias, de enfermos que necesitan una seguridad, unas garantías, una estabilidad, y que no pueden estar sometidos a los vaivenes de una negociación entre la consellería y el IVO. Es un síntoma, uno más, de los problemas que genera el fundamentalismo político, la demagogia y el populismo cuando se aplica a los asuntos cotidianos, a los seres humanos.

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