INVIERNO SEGÚN LA MARMOTA

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

Los habitantes del hemisferio norte tiritan de frío. Masas de aire gélido se dejan caer desde el polo norte y congelan más de lo habitual Canadá y Estados Unidos, o, por lo que respecta a Europa, avanzan hacia el sur-suroeste desde el Ártico o Siberia, como nos vemos amenazados estos días. ¿Por qué será que a las olas de frío las apellidamos polares o siberianas, como las de máximo calor son saharianas? Tiene su lógica, como es fácil colegir, pero nos lo siguen aclarando cada vez que se repite el prodigio. Será que se olvidan las relaciones norte-sur en cuanto al binomio frío-calor. También somos olvidadizos en lo referente a lo que son las estaciones climatológicas, porque está socialmente aceptado que el verano se acaba con el agosto vacacional, como el invierno debe ir no mucho más allá de Navidad, Reyes y parte de la cuesta de enero, el otoño debe ser cosa de septiembre-octubre -de esto nos acordamos mejor porque es tiempo de 'gota fría'- y la primavera andará más o menos alrededor de la Semana Santa, que cambia en el calendario de cada año sin saber por qué, debe ser por capricho de alguien. Luego están los tiempos intermedios, que no cuentan mucho porque son lectivos y de trabajo intenso, cosa que invita por mandato popular a que reine la estabilidad general: que no haga ni frío ni calor, en suma que no moleste, sin sobresaltos. Pero el caso es que sigue reinando el frío y puede acentuarse. ¿Hasta cuándo? Menos mal que del otro lado del Atlántico nos han dado las claves que han replicado los noticiarios. La famosa marmota Phil ha pronosticado que el invierno durará seis semanas más. Maravillas del saber. O sea, lo que queda de febrero más dos tercios de marzo, cuando empezará la primavera astronómica. Como siempre. ¿Y si llueve y aún refresca luego? Mala cosa, algo raro está pasando.

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