Intermitontos

VICENTE LLADRÓ

Debe ser verdad esa leyenda urbana que dice que los aspirantes a obtener el carnet de conducir, cuando acuden a la autoescuela, lo que buscan no es exactamente que les enseñen de verdad todo lo necesario para circular adecuadamente, sino simplemente que les adiestren lo suficiente para poder aprobar cuanto antes. Y como el que paga manda, por más que los profesores quieran enseñarles a conducir de verdad, resulta comprensible que casi sin querer se tienda a satisfacer en parte al cliente, en una especie de mix que debe dar por bueno, como mínimo, lo que equivaldría a un aprobado raso. Sólo así se entiende que cada vez proliferen más determinados vicios en calles, carreteras y autovías. Entre los más notables y absurdos están, por ejemplo, el paulatino olvido de lo que significan las señales de 'ceda el paso' y a qué obligan cuando uno se las encuentra enfrente, y, desde luego, por encima de todo, el pésimo uso que muchos conductores hacen de los intermitentes. Alcanzan tal nivel las deficiencias en este punto que ya se ha instaurado en el argot el concepto de que, en vez de intermitentes, lo que deben creer muchos es que manejan 'intermitontos'. Las luces intermitentes sirven para avisar a los demás de que uno quiere realizar una maniobra, pero no dan ningún derecho de preferencia; se avisa de ello a quienes van detrás, delante o al lado, pero si estos tienen preferencia de paso, la maniobra de giro de la cual se avisa deberá esperar a que se pueda efectuar, cuando los vehículos con preferencia hayan pasado. Y sin embargo hay quien cree que, con encender el intermitente, en el mismo instante ya puede hacer lo que quiere, con evidente riesgo y total desprecio de los demás. Y no sabes si es peor esto o que no lo enciendan nunca, lo que también abunda. Y no les digas nada, que muerden.

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