Inteligencia artificial

J. SÁNCHEZ HERRADOR

Advertía recientemente Elon Musk, el fundador de Tesla, sobre las consecuencias de la inteligencia artificial por su capacidad para generar desorganización social, caos e incluso guerras. Lo dice una de las personas que, como él mismo aseguraba, quizás conozca los últimos avances en la materia. Animaba a la regulación de los robots porque si estos van a ocuparse prácticamente de todo deberíamos preguntarnos qué haremos entre otras cuestiones con los millones de empleos que serán innecesarios y se perderán. Es tal el cambio social y cultural que se avecina que en otro ámbito más lúdico ya hay empresas que comercializan robots sexuales para el entretenimiento del comprador, facilitando diversos tipos y características al gusto del consumidor. Si nos encaminamos hacia una situación en donde millones de puestos de trabajo se eliminarán y serán realizados por robots y por otra parte para las relaciones amorosas podrá elegirse a una máquina casi humana, cabría elucubrar sobre qué tipo de sociedad saldrá de esa interacción. Estaremos como poco ante un escenario muy preocupante. Si ya se notan los efectos del uso exacerbado de la tecnología sobre las relaciones humanas y los cambios sociales que está produciendo, imaginemos cuando los robots estén en la calle paseando a nuestro lado, en las fábricas realizando la mayoría de los trabajos y hasta en la cama sustituyendo a los amantes tradicionales. No tengan duda, habrá detractores furibundos de las máquinas y a la vez defensores de los derechos del pobre robot. Que Elon Musk haya avisado del problema indica que el tema es muy serio, porque sabe perfectamente hacia dónde nos dirigimos en ese campo. Como mencionó, o regulamos el fenómeno o Terminator se hará realidad.

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