Insaciable 'postureo'

Beatriz De Zúñiga
BEATRIZ DE ZÚÑIGA

Si bien es cierto que cada vez resulta más complejo discernir cuán de cierta, admirable y estupenda es esa vida que dibujamos a través de las redes sociales a diario; la brecha entre las ingentes cantidades de apariencia y realidad que vertimos, se torna altamente notoria durante el periodo estival. Las eternas cenas de reencuentro postvacacional, donde los asistentes narraban gozosos sus andanzas, parecen haber quedado obsoletas. Atufan a trasnochadas las costosas llamadas al extranjero que, por desconocimiento de la localización del receptor, dilapidaban la factura telefónica. Sin haberlas visto, y sin que hayamos cruzado palabra, podría trazar el recorrido de la gran mayoría de mis conocidas virtuales. Parece ser que Yolanda, por fin, pudo deshacerse de las largas mañanas en el hospital y cruzó a Formentera. Mar consiguió su ansiada entrada para un festival belga de música electrónica. Alba, con su recién estrenado anillo de compromiso -que también fue publicado- se perdió por las calles de Santorini. Y Noelia tuvo la suerte de toparse de frente con Woody Allen en una larga avenida de Nueva York.

En los últimos tiempos, las redes sociales se han convertido en tristes escaparates de vidas, potencialmente, falsas (o falsificadas). Exposiciones personales de gentes que -lejos de regocijarse con el sol, la libertad horaria y la calidez del silencio- empeñan sus horas al posado enfermizo. El afán por difundir una crónica biográfica idílica, a través de pseudofotografías ataviadas con filtros y posturas imposibles, nos lleva infelizmente a compararnos con los demás; llegando incluso a convencer a algunos ingenuos de que la vida del otro es, indiscutiblemente, más placentera que la propia. Pero no. No es real (ni se le parece) todo lo que reluce gracias al brillo luminiscente de la pantalla, lugar en el que abundan fotogénicos enamorados (que luego no se abrazan en la cama). Incluso empiezan a proliferar estúpidos personajes, que evidenciando las teorías de Darwin, arriesgan nada menos que su integridad física por exhibir en esas plataformas, de aprobación masiva, la instantánea irrepetible. Dejemos de una vez los flashes del móvil. Saboreemos tanto los platos como las miradas cara a cara. Y acabemos, de una vez, con esta absurda tendencia del insaciable 'postureo'.

Fotos

Vídeos